Arte y música: “Café de los angelitos “

Frente

Inaugurado en 1890 con el nombre de Bar Rivadavia por el italiano Bautisto Fazio se convirtió en punto de reunión de compadritos y malandras a fines del siglo XIX. Con instalaciones precarias y piso de tierra, el lugar fue escenario de los duelos verbales de payadores como Gabino Ezeiza, Higuito Cazon y Jose Betinotti.

Recorrerlo no solo implica rememorar esos tiempos sino notar el esfuerzo que se ha puesto en refaccionarlo.
Recién en 1920 pasó a llamarse Café de los Angelitos, después de que el español Angel Salgueiro comprara el lugar, lo refaccionara y pusiera como decoración angelitos de yeso. Aunque la leyenda sostiene que el nombre se lo debía al perfil de sus parroquianos más bravos, que nada tenían de angelitos.

 

 

Ubicado a una cuadra del antiguo Mercado Spinetto, el café se convirtió pronto en un refugio de tangueros.

Carlos Gardel y José Razzano, Florencio Parravicini y Elías Alippi, Juan B. Justo y Alfredo Palacios fueron algunos de los que gastaron horas en sus mesas.

 

 

Sus últimos clientes fueron pocos pero fieles. Cuando bajó la persiana, en 1992, algunos de ellos conformaron la Asociación de Amigos del Café de los Angelitos, que desde entonces organiza, todos los miércoles, una sesión de baile de tango en la vereda de Rivadavia y Rincón.

Uno se sienta a la mesa, y escucha de fondo la voz del zorzal, amenizando una charla de café y medialunas exquisitas, imposibles de resistirse. Una serie de 350 fotografías especialmente seleccionadas cuelga de sus paredes, y un palco donde en algún momento del día suena un bandoneón también.

Detrás del salón del bar, hay un pasillo que comunica a la sala donde el imponente escenario alberga bailarines que lustran esos pisos con toda la gracia inimaginable. Las mesas cubiertas de manteles con bordes dorados, los ceniceros altos con calados en sus bordes, las lámparas que son ángeles sosteniendo las luces, maravillas no solamente al turista sino a ustedes o a mí, al solo entrar.

 

Hacia el piso inferior, escaleras alfombradas, en cuyos escalones hay frases escritas, y siguen los cuadros en las paredes. Cantantes de tango, estrellas ya no presentes en cuerpo pero sí en alma, personalidades que han pasado por ese lugar y todo decorado son excelente gusto. Celeste y dorado.

escalones hacia el subsuelo

Ambos sectores están divididos por una tarima que, alternativamente, puede ser comedor vip o pista de baile. La capacidad máxima, allí, es de 300 personas. En el nivel superior están los palcos, con mesas para cenar con vista al escenario, con lugar para 110 personas. Abajo, en el subsuelo, un salón de usos múltiples, donde se instala un museo del tango y un espacio para conferencias.

 

Ceniceros

“La danza fue un elemento esencial para la difusión del género, la de ritmo alegre y vivaz; y la triste y sentimental.También cobró importancia la letra, a la que daba su impronta personal cada cantante. Entre los más destacados brilló Carlos Gardel, “el zorzal criollo”, incuestionable divulgador del tango, que frecuentaba desde su fundación en 1890 este histórico “Café de los Angelitos”.

 

 

El tango alcanza su cúspide de popularidad en los años 40, la época de la poesía y de las grandes orquestas.

La radiofonía y el cine contribuyeron notablemente a llevarlo a un período de esplendor hasta iniciados los años 50. Entre los años 60 y 70, las preferencias populares se orientaron hacia otros géneros, sin embargo, el tango conoció un momento de especial creatividad en sus variantes modernas, especialmente con Astor Piazzolla. En los 80, con la compañía Tango Argentino, el género hizo furor en Paris y en Broadway.

Actualmente “este sentimiento triste que se baila” ha despertado el interés de las generaciones más jóvenes y han surgido compositores que cultivan el tango electrónico, el cual ya hace escuchar en todo el mundo.

Escenario

Y así, éste café concurrido por grandes personalidades desde hace más de un siglo, hoy se enorgullece en reabrir sus puertas para recibir a nuevos visitantes que se deleitarán con nuestra danza y nuestra música en un show único, incomparable.”

Techo del salón comedor

Eso dice la historia que se cuenta. El viejo café fue demolido. Por eso, los empresarios que compraron el terreno baldío de 600 metros cuadrados levantaron paredes hasta una altura de 9 metros, casi el doble del modelo original. Es que la versión desde 2002 del clásico bar tiene tres niveles, dos sobre la superficie y uno subterráneo.

 

La amable atención de Carlos, uno de los mozos que acomoda todo antes de abrir las puertas a las 9 en punto, se torna amistosa: fotografía, charla e indica dónde encontrar más información, ya que todos quieren saber qué historia hay detrás de esa maravilla.

 

 

 

 

 

Silvia M. Vázquez