Editorial: El valor de las cosas y el valor de la gente

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Estaba escuchando días atrás que no se sabe la exacta definición del valor, tanto en las cosas como en las personas. Y buscando ejemplos, noté que es cierto y notable, en mínimos detalles de convivencia, no solo en el hogar sino en el trabajo y en  la sociedad toda.

Las cosas, así como las personas, no tienen valor  por sí mismas. Dependen de alguien que les asigne ese valor. ¿Podemos hablar de las cosas en sí mismas?

4¿Cuántos de nosotros decimos: soy muy afortunado porque tengo una familia maravillosa, una pareja espectacular o unos amigos impresionantes? Reconozco que yo tampoco lo hago tan a menudo como debería.  

El auténtico valor de una persona, el que es exclusivo, inconfundible, el que es innato al ser humano, es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de olvidarse de uno mismo, de sustituir el YO por encima de todo al TÚ como una misma parte. En algún lado leí, eso, hace tiempo. Deberíamos postergar ser el centro del universo por empatizar con nuestros semejantes. Disminuir la falsa necesidad de nuestro ego, por la bondad de prestar ayuda a los demás. De desatender nuestros  deseos por atender los deseos de los que de verdad te necesitan en ese momento.

Esa cualidad, que es tan escasa en la actualidad, es la que más valor tiene, porque en un mundo tan superficial y caótico como es el actual, donde  caminamos en soledad y miramos solo nuestro ombligo, es realmente difícil encontrar a personas que no solamente se preocupen  sino que se ocupen de hacerte sentir feliz.

3Si existieran las cosas, pero no las personas, ¿serían valiosas las cosas? No lo creo, ya  que no habría nadie para valorarlas.

¡Los objetos son para utilizar y las personas para amar!

“El valor de las cosas no está en el tiempo que duran sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables.”

“Mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, en muchos sitios pequeños … consiguen hacer algo grande” (anónimo, o al menos yo desconozco el autor. Lo leí en una hoja de la Asociación Española contra el Cáncer)-

No esperemos a perder alguna cosa para valorarla. Lo mismo sucede con las personas. Sabemos que todos tenemos defectos, pero también virtudes. Aprendamos a mirarnos en el espejo y ver nuestros defectos también. Si los demás los pasan por alto, hagamos igual. De eso se trata la amistad, de eso se trata el amor.2

Ocupémonos un poco más de comprender las actitudes del otro, de ser tolerantes, de saber convivir, de poder realmente manifestarnos en paz y armonía. No esperemos a que alguien deje de existir para decir “Qué bueno era”. Hablemos, escuchemos. Entendamos que las personas tienen valor. Las cosas tienen precio.

Silvia M. Vázquez

 

 

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