Letras y música: ¿Qué más puedo decir de Silvio?

Corría 1984 en la República Argentina y con el advenimiento de  la democracia, de la mano de Raúl Alfonsín, nuevos vientos empezaban a asomar para la música y para la cultura en general.

Comenzaban a levantarse las prohibiciones sobre cantantes y canciones en particular. Muchos artistas volvían del exilio forzoso al que habían estado sometidos y otros ya podían ingresar al país y al alma de los argentinos, a través de su poesía y de sus canciones por primera vez.

 Recuerdo que apenas había iniciado el ciclo lectivo de ese año, mientras preparaba un examen, escuche por primera vez en la radio dos hermosas canciones que llamaron mi atención: “Como esperando abril” y Unicornio”.  Este último el tema el más famoso de Silvio, al menos en nuestro país.

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 Sin saber de quién se trataba, reparé en esa voz cálida y en esa música un tanto nostálgica y me produjo una gran emoción. Algo despertó en mí que era difícil de explicar en ese momento.

 Al poco tiempo, de aquel suceso, Silvio llegó junto a Pablo Milanés a la Argentina. Era su primera visita al país y actuaron en la Av. 9 de julio, en un escenario montado en el obelisco, con  Leon Gieco y Victor Heredia y otros artistas argentinos. También en esos años fue entrevistado en un programa televisivo y fue presentado como uno de los fundadores de la Nueva Trova Cubana, movimiento musical fundado a fines de los años 60

De a poco fui conociendo su obra, su poesía elaborada y su música.

En esa época, un amigo me prestó dos cassettes de Silvio: Unicornio y Mujeres, y a partir de ese momento, Silvio se transformó en mi amigo. Fue el que estimuló mi deseo de ser poeta.  Cada vez que escuchaba esas hermosas melodías y esa forma de combinar los sonidos  y las palabras, internamente decía: quiero escribir como El.

Por entonces solía ir todas las semanas a recorrer disquerías, buscando  su discografía, ya que al no haber internet, no había a donde buscar información. Y de a poco fui adquiriendo uno a uno  sus discos. Los que se iban editando y los anteriores que iban llegando al país, que ya estaban editados.

En cada uno descubría algo nuevo, y copiaba las letras de las canciones en un cuaderno mientras las escuchaba, para poder analizarlas.

Fue así que sin darme  cuenta fui atesorando toda su obra, aunque en forma desordenada primero, luego fui siguiendo la edición de sus discos en la era del CD y me di el gusto de ir a verlo al Gran Rex en 1994. En la puerta del teatro, a la salida del recital, compre un cuadernillo con letras de sus canciones que guardo aun con mucho celo.

Silvio posee una rica y prolífica discografía desde que se hizo solista, en 1975. Transitó por períodos en que todo su talento brilla solo a través de su voz, acompañado por su guitarra. Y otros en que es acompañado por excelentes orquestaciones.

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Aunque la información circula por la red, quiero mencionar cada uno de sus discos:  Dias y flores (1975); Al final de este viaje (1978); Mujeres (1978); Rabo de nube (1980); Unicornio  (1982); Tríptico (1984); Causas y Azares (1986); Oh melancolía (1988); Silvio (1992); Rodríguez (1994); Domínguez (1996); Descartes (1988); Mariposas (1999); Expedición (2002); Cita con ángeles (2003); Erase que se era (2006); Segunda cita (2010); Amoríos (2015)

Además se han editado discos en vivo, recopilaciones y colaboraciones con otros cantantes. Posee también gran cantidad de canciones inéditas, con las que se podrían publicar tal vez 20 discos más. Su creatividad es inagotable.

En esos días, donde mi jornada laboral suele extensa y tengo que permanecer durante muchas horas en mi escritorio, acostumbro  a escuchar todas sus canciones, desde el primer al último disco.

Y me atrevo a decir que Silvio es un genio de nuestro tiempo, que le ha ofrendado al mundo todo su talento, desde la humildad de los hombres sabios y lúcidos.  El más grande trovador de la historia de la música.

Me resulta difícil decidir cuál es la canción que más me gusta, pues me gustan todas. Por una cuestión de espacio voy a compartir con Uds.  sólo una:

“Oleo de la mujer con sombrero”:

Una mujer se ha perdido
Conocer el delirio y el polvo,
Se ha perdido esta bella locura,
Su breve cintura debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar,
Se ha perdido mi huella en su mar.

Veo una luz que vacila
Y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
Con otra figura que recuerda a tí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.

Una mujer innombrable
Huye como una gaviota
Y yo rápido seco mis botas,
Blasfemo una nota y apago el reloj.
Qué me tenga cuidado el amor,
Que le puedo cantar su canción.

La cobardía es asunto
De los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
Ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
Ni el mejor orador conjugar.

Una mujer con sombrero,
Como un cuadro del viejo chagall,
Corrompiéndose al centro del miedo
Y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí,
Y ahora lloro por verla morir

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ALFREDO LEGNAZZI

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