Reflexiones: El escritor independiente

Ya se ha transformado en un hábito,  que ni bien entrado el mes de marzo comienzan los preparativos para participar en la Feria internacional del Libro. Y si bien gracias a Dios, he tenido la oportunidad de participar en años anteriores, la excitación y el entusiasmo es notable, no decae.

Con mucha expectativa comienzo a soñar con ese momento, y aunque sean solamente algunas horas uno o dos  días, no dejo de visualizar el hecho de estar allí en el stand, exhibiendo mis libros y teniendo contacto con los lectores.

Y tengo que reconocer que es muy difícil, como escritor independiente, competir con las grandes editoriales, ya que la cantidad de libros  que ellos editan, hace que sus costos sean inferiores y el precio final de venta al público sea más accesible.

Pero ello no impide que gracias a estar presente,  y al  diálogo con el público, a pesar de los precios más elevados, mis libros se vendan.

El público se interesa por la obra de los escritores y por los propios escritores.

Y como les decía antes, el proceso empieza en marzo,  con las idas y vueltas que implica la edición de un nuevo libro (esta año Metáfora de la vida), como ya se ha hecho hábito desde hace algunos años,  para tenerlo listo en tiempo y forma.  

En este años, 2017, además decidí presentarlo en marzo, lo que le dió un poco mas de adrenalina al asunto.

Pero como es habitual, y aunque todo salga bien, uno corre y corre con las fechas. En ese mismo mes (marzo) hay que estar atento para conseguir un lugar en el stand de escritores independientes de la Feria, en horarios y días centrales, por lo general los sábados y domingos, ya que por  razones de trabajo ir los días de semana se hace imposible.

Luego están los complementos que ayudan a la difusión, como la creación de banners y folletos que sean atractivos a la vista del público.

Gracias al ingenio, la curiosidad y el interés por aprender, tengo la posibilidad de diseñar las tapas, el interior de mis libros, hacer el maquetado, para luego enviarlo a la imprenta,  pero todo lleva tiempo y esfuerzo.

Muchas veces, se trata de trabajo fuera de hora, que en ocasiones sale mal y hay que rehacerlo.

Detrás de cada “producto terminado” llámese folleto, banner, o el mismo libro, a pesar de tantas lecturas y relecturas, revisiones, etc., siempre encuentro algo que no me gusta, o que podría haber salido mejor y que deseo modificar. A veces  hay horas y horas de trabajo que no siempre se aprecian.

Quizá esté en cada uno dar a conocer esta situación y por eso en  cuanto tengo oportunidad de expresarme, comento las dificultades que tiene un escritor independiente, desde la edición de su libro, la publicidad, la pelea con la librerías por las comisiones altas que cobran (aunque este, en la actualidad, no es un problema para mi, ya que no vendo mis libros en librerías) y la problema de enviar un libro a alguna zona lejana del país, que por lo general cuesta tanto o más que el libro.

Diría que no hay contemplaciones ni ayuda para la difusión de la obra de un “pequeño escritor”. Todo forma parte de la autogestión y estar en la Feria en definitiva es un gran logro y una buena forma de mostrarse al público.

Más allá de estos avatares, siempre llegan esos dos grandes días literarios, el de “la presentación en sociedad del nuevo hijo literario” y los días en la Feria, que indudablemente son días de fiesta.

Es así que las cosas se acomodan y  todo está en su lugar.

Los libros finalmente quedan expuestos desde el comienzo hasta la finalización de la feria, y la presentación, ya sea antes o después de esa fecha, se concreta superando ampliamente las expectativas.

Es por eso que cuando expreso mi sentir, no lo hago a modo de queja, sino como una forma de poder mejorar y modificar ciertas situaciones que vivo como escritor independiente, y que sin duda, en ellas, se sentirán identificados muchos escritores.

No obstante, el balance siempre es muy positivo y mi deseo es seguir adelante con esta pasión.

ALFREDO LEGNAZZI

PERIODISTA – ESCRITOR