Arte: Marcelo Ortiz- Escultor: “Julián Agosta fue un gran maestro para mí”

Marcelo, con una pieza de Julián Agosta

Nació en 1976. Marcelo Ortiz estudió Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires. Es egresado del Instituto Murialdo de Villa Bosch.

Se formó junto al escultor Julián Agosta y se desempeñó como asistente de diversos escultores argentinos.

En 2006, recibió el premio estímulo “Bonifacio del Carril” otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes y la mención “Florencio Molina Campos” a la escultura 2006 otorgado en el Teatro Argentino.

Participó en varias Muestras;Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano.Salón Nacional de Artes Visuales.Salón Nacional de Artes Visuales.Expotrastiendas Feria de Arte-Salón de Arte, Escultura 2006 Teatro Argentino. “Florencio Molina Campos”.-Premio Estímulo “Bonifacio del Carril” , Centro Cultural Borges , que otorga la Academia Nacional de Bellas Artes.Expotrastienda Feria de Arte.-Salón de Escultura Museo Rómulo Raggio.-Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano. La Barca (espacio de arte). -Espacio de Poéticas, Museo Casa de Yrurtia. 2011-Teatro “el Cubo”, patio de esculturas. -Edificios IRSA 2012-Municipalidad de San Martín, Buenos Aires 2012-Museo José Hernández-Hugo Bocciardo Arte Moderno y Contemporáneo. Animales sueltos.-Plaza seca en Villa Bosch, tres esculturas emplazadas.-Paseo de las Artes Duahu – Park Hyatt Buenos Aires. Bajo el título “Rabbits & Gatekeepers”, una serie de obras de conejos y otros animales -Espacio Urbano Contemporáneo- Madero Center. Pintura Fresca.

Entre sus Premios están:

2006-Premio Estímulo “Bonifacio del Carril” otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes, Centro Cultural Borges. 2006-  y la Mención Florencio Molina Campos, Escultura 2006, Teatro Argentino.

Actualmente, sus obras se encuentran en colecciones públicas y privadas de Argentina, Chile, Uruguay, USA, Suiza, Francia,Italia, Australia y Abu Dabi (Emiratos Arabes Unidos).

Nos juntamos a charlar ni bien comenzaba la tarde de sol, de esos inviernos que no quieren empezar.  Primero cafecito, luego unos mates y la distensión total para que me cuente acerca de su amor por las artes.

¿Cómo comenzaste a hacer esculturas, siendo músico?

Siempre me fascinó  la música. Hoy en día escucho mucha música, la electrónica y todo lo que tiene que ver con el sonido. Me encanta. Sobre todo lo experimental, cosas nuevas. En un tiempo escuchaba una persona muy de vanguardia, que se  llama “Moonchild” . Toqué el bajo mucho tiempo, grabamos con amigos un par de cosas hasta que en 2001 se complicó por el tema del dólar, y ahí dejé. En lo que tiene que  ver con la plástica, en el colegio donde estudiaba no había mucha información al respecto. Si bien hice un test vocacional y me daba que era eso claro lo que me gustaba, lo creativo, la expresión., no estaba muy orientado. Voy entonces a estudiar a  la facultad  de Arquitectura, y me daba cuenta que los profesores me decían, “che mirá esto está bien pero acá…somos arquitectos”. Tenían una veta muy propia pero ellos se basaban en lo humanístico y lo racional. Siempre tenían características de escultura.

Dejo la Facultad y  me conecto con gente, hice dibujos, bocetos escultóricos y hablo con varias personas y les muestro mis dibujos. Por intuición más que nada. Eran rasgos de los principios de la estética. Un lenguaje sin pulir, abstracto. Quería pintar, y caigo en el taller de Julián Agosta, a quien no conocía mucho, solo lo veía cuando pasaba por Guido Spano y  Martin Fierro, en Bosch, donde siempre lo veía soldando. Muestra mis dibujos al taller, y habla por teléfono con alguien, a quien le dice que me va a mandar a verlo. Esa persona no daba clases. Entonces volvía a lo de Julián, él llamaba a otro (ya que él era escultor y no pintor). Anduve de un lado a otro con mi carpeta, hasta que me di cuenta que iba a ver a Delmonte, a Nigro a Abot, sin siquiera saber quiénes eran hasta tiempo después. Fui a ver al hermano de Nigro que vivía en Irlanda y estaba acá, fui a ver a Silvia Dellamaddalena, de cultura precolombina,pero no tenía idea de quienes eran. Hasta que me choco con Jorge Abot, que es un pintor a quien me manda Julián. Lo voy a ver, ya prevenido por Julián que me iba a observar, a hablar poco, y así fue. Me mira un rato, fuma la pipa, me preguntaba qué hacía, hasta que me dice “ cuál es la diferencia entre  la Mona Gimenez y Chopin, si los dos son artistas?”. Yo no entendía  nada. Me explicó que hay un conjunto de reglas que es como un ABC; en tema plástica. Eso tenía que aprender en un taller con determinada estructura para aprender el oficio, saber de qué se trata, y cómo desarrollarse y después pintar lo que querés, enchastrarte, ensuciarte, sino no sabés si esto te gusta o no. Si seguís haciendo estos dibujos te vas a estallar contra vos mismo”.

Yo tenía 21 años, y eso me superaba. Fui por su concejo al Taller Sur, manejado por Delmonte. Era muy estudioso de lo precolombino, le gustaba ese tipo de arte. El taller tenía alrededor de 50 personas. Todos me decían que siga ahí, y fui.

 

El falleció hace 10 años y el taller se disolvió. Entre la música, la Facultad y todo lo que tenía en la cabeza, vuelvo de Julián. Le cuento por qué me fui del taller. No me sentía bien porque veía que me faltaba mucho. En el lugar donde me sentía bien era ahí, pero hacían escultura. Dije bueno, probemos. Así que me fui ahí a probar. Estuve 8 años ahí hasta que falleció. Fue un excelente maestro.

Empecé ahí y ví que todo eso llevaba mucho trabajo y canalizaba energía con eso. Julián miraba y decía que estaba bien lo que hacía. Hacía cosas y ahí nos dimos cuenta que era eso.

Pasó el tiempo y él daba referencias mías. Esos fueron los contactos que me fueron acercando donde estoy. Fue un tipazo para mí y para mucha gente. Nunca fue cerrado, nos presentaba a gente importante y hablaba de nosotros.

Yo exponía, hacía muestras en salones, tenía una filosofía particular, un estudio filosófico de la escultura. Cuando falleció, yo ya sabía qué quería. Me abrí solo y trabajé a full con la escultura y vivo de eso.

Gracias a gente que me presentó Julián, busco trabajo de ayudante de escultores, uno de esculturas monumentales de 12 metros, aproximadamente. Y trabajé 4 años con él. Unas 50 esculturas por año.

Trabajé para ejecutar las piezas de él. Hacía trabajos también para Dora Isdatne que es escultora, Cristina Tomsig, todos premios nacionales y reconocidos, para  Papadopulos, para una familia de un escultor… a varios.

¿La arquitectura te ayudó en estos trabajos?

Yo venía por un camino de diferentes formas y materiales, pero elegí esto.

Yo producía lo que podía por mi cuenta. Yo iba a ver diferentes estilos según quien los hiciera.

Me conecté  con Bastón Díaz, que es también es orfebre, trabajé con él. Aprendía constantemente. Adaptarse a la técnica, al ojo, a la expresión y a observar que todas las personas que dicen algo tienen algo subjetivo. Ven como cada uno se expresa. Eso me llegó como aprendizaje.

Caí en el lugar justo en el momento indicado. Gente reconocida. Tuve suerte pero trabajé mucho.

¿Trabajaste siempre con el mismo  material?
No, trabajé con arcilla, con yeso, cemento, madera para Bastón Díaz, acero inoxidable, hierro, acrílico, con todos. Si bien hacía trabajos en acrílico me resulta más fácil y tengo la cabeza proyectada con el hierro. No sé por qué. Me siento más identificado. Sueldo, me gusta trabajar piezas en hierro. Parecen pulidas, no soldadas.

¿Qué trabajos tuyos fueron los primeros en exponerse?

En los salones, en yeso, de hecho me decían que como es un material que se rompe, no podían quedar, y quedaron. La mayoría de mis trabajos están en la casa de mi mamá, ya que no tengo tanto lugar. Trabajo con tres personas y mis trabajos están en Puerto Madero, Palermo, Galerías de arte. En el taller no hay nada, lo suelto. Sol traje un par de cosas que estaban en otro lado

Un de sus “conejos”

¿Te gustaría quedarte con alguna para vos?

No, tengo  piezas chiquitas en yeso, pero todo lo que  hago tiene que salir

¿Sentís que te expresás mediante tus obras?

Tengo como una necesidad de expresarme y estoy como sumergido en algo. Esa cosa en la que estoy sumergido, es de donde salen las producciones que hago. Esta serie de conejos, por ejemplo de la muestra de Gatekeepers, en el Hyatt y ahora estoy con un proyecto de unas sillas, hice unos zapatos con estructuras, trabajé con cosas de desguace, o las que están en la estación de Bosch, donde se muestra el desarrollo plástico.

¿Lo de los conejos salió del libro de “Alicia en el país de las maravillas”?

Es por eso y por muchas cosas que tienen que ver con los egipcios, con un cineasta que tiene un desarrollo sobre los conejos, con Bugs Bunny. El conejo tiene una cosa de inmediatez, trabajo mucho con eso. Es el que comunica, un mediador, entre lo que estamos y lo que no se ve. Tiene esa percepción para el otro lado. En cuanto al Gatekeeper, es quien te hace pasar de una dimensión a otra, en el caso de Alicia, el conejo de saco verde es Gatekeeper, quien hace entrar a Alicia a ese país. Los egipcios siguen una estrella que es la estrella perro, el Anubis, yo hice uno de 2, 35 mts. Esos perros son gatekeepers. Hice zorros de una escultura escandinava, unos  gatos, los conejos de diferentes colores. Los egipcios tomaban esa estrella, es la que se llama perro, que cuando vos morís esos perros te llevan a un juicio ante Osiris. Al lado está la constelación de Anubis y al lado la de los conejos.

La gente se conecta con estos conejos. Son figuras geométricas que te miran, plásticamente cierra y la gente se conecta. Algunos quieren saber por qué hiciste tal cosa y lo hace con respeto. Hace tres años que hago esto.

Cuando produje piezas abstractas, andaba con esculturas en el baúl y las mostraba donde iba. Me daba cuenta que se interesaba y compraba. Todos son contactos de galerías, remates, y otras tantas cosas que me dan la posibilidad de seguir adelante e incorporar cosas nuevas.

Expuse en el Hotel Hyatt, en Arroyo, en Galería Sur, salí en revistas. Y ahí seguí conectándome.

¿Sos agudo con tus piezas?

Si, trato de conectarme con gente que sabe lo que vale mi trabajo,. Tengo perfil bajo, hago mi trabajo de la forma más humilde posible, de corazón, desarrollo lo que pienso, y me gusta hacerlo, busco donde canalizarlo con gente que esté en el tema.

¿Quién te conectó para hacer las esculturas de la estación de Bosch?

Fue mediante un arquitecto, que estaba construyendo esa obra. Me ubica por medio de un comerciante de la zona, y me dice que le gusta el trabajo que hago y me encarga las esculturas. Así que ya las tenía hechas y las emplacé ahí.

¿Actualmente algo en preparación?

Sí, tengo varias cosas en mente a la vez, trabajo con varias cosas. Trato de que surjan varias cosas para siempre tener a mano algo y estoy abierto a todo.


Una tarde productiva, una charla productiva, una personalidad particular, casi escondida en el barrio pero no en el mundo. ¡Gracias Marcelo por tu tiempo y tus anécdotas!

Silvia M. Vázquez