Entrevistas: Daniel Frini “El diluvio universal y otros efectos especiales”

Daniel Frini es escritor y reside en San Martín, aunque es oriundo de Berrotarán, Córdoba.

Lo conocí en el mes de marzo, en instancias de un café literario, y me interesó su forma de escribir, habiendo escuchado una de sus lecturas.

Además de escritor, entre otras actividades, Daniel es redactor, columnista e ilustrador.

Poseedor de un largo recorrido dentro de las letras, ha escrito hasta el momento tres libros:  en 2000, Poemas para Adriana. En 2015, Manual de autoayuda para fantasmas y en 2016 El diluvio universal y otros efectos especiales.

Su curriculum es extenso, tanto en participación de concursos, antologías y como jurado.

Interesado por sus libros, surgió la inquietud de hacerle una entrevista.

Daniel contesta a nuestras preguntas.

¿Por qué pasó tanto tiempo entre tu primer libro y el segundo?

 Bien, fueron varias causas concurrentes. Mi primer libro, «Poemas de Adriana», llevaba algún tiempo escrito y casi listo para su impresión; y tuve oportunidad de subirme a la ola de internet; mediante el ofrecimiento, a través de un correo electrónico, de la editorial «Libros en red» de publicar ese poemario. En ese entonces, «Libros en red» trabajaba haciendo libros electrónicos (¡ya ni recuerdo en qué formato!) e impresión bajo demanda. Creo que fue una de las primeras editoriales en trabajar de esa forma aquí en el país. Esto ocurrió en el año 2000. Luego, pasó lo que conocemos: crisis del 2001 y todo lo que vino después. Dejé de escribir durante más de ocho años. A mediados del 2009, y te diría que por prescripción médica, retomé la escritura, de una manera más metódica y enfocada, definitivamente, a la posibilidad de publicar. También por internet, tuve la posibilidad de conocer a excepcionales escritores y gente del mundo de las letras, lo que resultó en mi participación en varias antologías virtuales y en papel; hasta que la editorial Micrópolis, de Lima, Perú; me ofreció la posibilidad de publicar mi segundo libro, «Manual de autoayuda para fantasmas», más o menos en 2013; y que fue editado, finalmente, en 2015. En realidad, el «Manual» es mi tercer libro escrito. Antes de esto, en 2011, más o menos, hubo contactos con otra editorial de la Ciudad de Buenos Aires para editar mi tercer libro, segundo escrito, que es «El Diluvio Universal y otros efectos especiales»; con la que habíamos avanzado bastante. Por distintas razones, las más fuertes de carácter económico, este proyecto se cayó; así que, en 2016, decidí autoeditarlo.

 ¿Seguiste escribiendo poemas, después de la publicación de tu primer libro?

 Sí, sigo escribiendo y publicando en algunas antologías, especialmente en el exterior. Para este año tengo pensado reeditar, ahora de manera independiente y en papel, «Poemas de Adriana»; y tengo listo e inédito un segundo poemario cuyo nombre es «Mare Nostrum».

 ¿Con que género literario te sentís más cómodo?

 Con la poesía me siento muy cómodo, aunque necesito entrar en una «resonancia» particular al momento de ponerme a escribirla.

Con la narrativa me permito jugar más, divertirme y experimentar. Desde chico me fascinaron la ficción de carácter fantástico y la ficción especulativa. También me interesaron los cuentos muy cortos que descubrí en la Universidad y que, mucho tiempo después, supe que se eran microrrelatos; y me gusta mucho escribirlos.

Como forma de expresión distinta, me atrae la novela; aunque acá me cuesta un poquito más, pero de puro vago.

 ¿Tus libros son auto-publicados o fueron financiados por las editoriales?

 Los dos primeros publicados, «Poemas de Adriana» y «Manual de autoayuda…» fueron financiados por las editoriales «Libros en red», de Argentina; y «Micrópolis», de Perú. El tercero, «El Diluvio Universal…» es autoedición.

 ¿Crees que la auto publicación le quita imagen o prestigio al escritor?

 No, para nada. Es un tema de mercadeo; no de calidad. Seguramente, publicar dentro de una editorial asegura cierto cartel, cierto volumen de ventas por la posibilidad de entrar en el circuito de las librerías «grandes»; pero eso no asegura calidad, definitivamente. Entiendo también la necesidad de las casas editoriales de ir a lo seguro, pero no creo que les implique un riesgo económico tan alto la búsqueda de nuevas voces, cosa que no hacen; o lo hacen de manera muy ineficiente. Y esto, para mí, es una clara falencia de ellas. He participado en coloquios,  encuentros y jornadas organizados hasta por Universidades Nacionales; en mesas de lectura (incluso en el ámbito de la Feria del Libro de Buenos Aires) y jamás —recalco: jamás— vi a un representante de las editoriales de renombre que actuase como «cazatalentos». Y esto adquiere una dimensión especial si sabemos que, al principio, Girondo repartía sus libros y leía sus poemas en los colectivos, por ejemplo, o incluso Borges repartía sus primeros libros de mano en mano; o que Benedetti autopublicó sus cinco primeros libros.

Por otra parte, alrededor del 80 % de mis lecturas de hoy proviene de autoediciones, las que encuentro mucho más interesantes.

 Veo que participaste en muchos concursos. ¿Qué le aporta o le dan a tu vida literaria esas participaciones, en que te ayuda, cual es el beneficio de concursar?

 En primer lugar, y de manera muy cruda, dinero. Mi primera notebook la compré con parte del premio «La Oveja Negra». Algunos otros concursos conllevan cierto prestigio, al menos en algunos círculos. Aunque, quizá, el aspecto práctico más importante es la posibilidad de testear el por dónde va mi mi escritura, sometiéndola a la consideración de otras personas ajenas al círculo de amigos que, normalmente, son los primeros en leer lo que escribo. Soy consciente, sin embargo, de la falibilidad de los jurados, aún con la mejor de las intenciones; y la existencia de una sarta de concursos truchos que, a veces, ni siquiera entiendo qué finalidad persiguen. Por ello suelo ser bastante selectivo de aquellos concursos en los que participo: busco en internet información sobre los jurados, veo quiénes ganaron y con qué obras en ediciones anteriores, etc.

 ¿Cual es la temática de Manual de autoayuda para fantasmas?

 Microrrelatos. La editorial que lo publicó, «Micrópolis» se dedica muy especialmente a este género; y con bastante éxito, debo reconocer. Hay textos de no más de un renglón, hasta otros de unas doscientas palabras.

¿Crees que los fantasmas existen?

 Jaja. No, no creo en fantasmas. Pero por si las moscas, hagamos como don Atahualpa Yupanqui, cuando le preguntaron, refiriéndose a su fe, si él era creyente. «Digamos que soy dudante», respondió.

 ¿En este caso la autoayuda es para los fantasmas o para los que tienen fantasmas?

 Ah, qué interesante. Nunca lo había pensado de ese modo. El título, en realidad, surge del nombre de uno de los textos del libro, que se llama «Se necesita un manual de autoayuda para fantasmas». Pero es posible ponerlo así: tengo la muy humilde pretensión de que algunos de los textos del libro brinden un alivio momentáneo a algún lector que tenga fantasmas.

 Respecto de tu último libro, cual es la naturaleza de los cuentos. ¿Es literatura fantástica, realismo fantástico, ciencia ficción?

 Qué pregunta difícil de responder. Y no porque tuviese algún problema en encasillar los textos bajo un rótulo, sino porque no sabría bajo qué rótulos ponerlos. Todos los cuentos son textos de ficción. Algunos entrarían dentro de la ficción especulativa. La mayoría tienen elementos fantásticos, pero están muy lejos de las «espadas y dragones». Creo que, en términos generales, están más cerca del «fantástico cotidiano» que proponía Ítalo Calvino.

 ¿Cuales son tus autores preferidos dentro del género?

 Dentro de la poesía, admiro a Jorge Ariel Madrazo, a Roque Dalton, Hamlet Lima Quintana, César Vallejo, Gioconda Belli, Jaime Sabines, Armando Tejada, Gómez, Daniel Salzano, Adrián Abonizio, Girondo, Borges, Prévert, Cortázar, y ¡uf! Unos cincuenta más.

Dentro de la ficción, hay algunos que destacan sobre el resto: Borges, por supuesto; y García Márquez. Mempo Giardinelli, Ana María Shua y Angélica Gorodischer, con quienes tuve el honor de compartir algunas antologías. Pero me fascinan las historias de Cordwainer Smith, James Teptree Jr., Robert Silberberg y Philip K Dick. Claro que hay otros, y muchos. Hace poco descubrí a Ted Chiang.

Y dentro del microrrelato, la cosa se pone más complicada. Necesitaría varias páginas. Destaco a Martín Gardella, Alberto Benza, Shua, Patricia Nasello, Antonio Cruz, Rodolfo Lobo Molas, Luis Gerbaldo, y me olvido a más de uno que me lo va a reclamar.

 ¿Como fue tu experiencia en la Feria del libro?

 Excelente. Desde mi visión, reconozco y valoro el esfuerzo que hizo la gente de Cultura de la Municipalidad de San Martín, especialmente en la persona de Andrea Felsenthal; y el apoyo que nos brindó a los escritores, en todo momento. Participé en dos actividades: por un lado, dicté un Taller de microficción; y por otro, presentamos la antología «Textos Fugados», que compilé; con narrativa y poesía de los integrantes del Laboratorio Literario que funciona bajo la órbita de San Martín Lee. En ambos casos, con mucho éxito.

 ¿Cómo ves el panorama literario dentro de San Martín?

 Según mi experiencia, en muy buen camino. Hace no más de cuatro o cinco años yo mismo lamentaba la no existencia de acciones, como veía que ocurría en municipios vecinos; Capital y Morón/Haedo, o el mismo 3 de Febrero, por poner ejemplos. No es que desconociese la existencia de un «ambiente» literario en San Martín, pero aún lo juzgo como empeños individuales, o de grupos de escritores; pero de manera «privada». Sin embargo, ahora veo un esfuerzo tendiente a encausar, desde la sinergia, a todas aquellas manifestaciones. Seguramente, con mil falencias y con reclamos que yo mismo planteo, pero con una mentalidad visiblemente puesta en valorar la literatura que se escribe en el partido.

 ¿Queres compartir un poema y un microrelato de tu autoría?

 Cómo no. Transcribo un micro mío que me fue solicitado para varias antologías; y que está en una que justamente hoy acaba de llegar a mis manos: «Latinoamérica en breve», con textos de autores mexicanos y argentinos, y editado por la Universidad Autónoma Metropolitana de México:

CUENTO DE HADAS

En la oscuridad, a la Chuni el miedo le duele más que el hambre. Está en cuclillas sobre el colchón que huele a sudores viejos, la espalda contra la pared sin revoque y los brazos rodeando sus piernitas flacas, por sentir algo que aplaque el vacío del pecho. La Sonia le dijo que para los catorce la llevaría al cine; y le contó del castillo, la princesa, el dragón y el príncipe. Hicieron catorce y la Chuni no fue al cine; pero imagina que ella es la princesa, y la pieza es el castillo. Sabe que los de afuera son peores que dragones y no espera príncipe solo por no saber para qué; pero sí a su mamá, que venga a rescatarla de tanto miedo, y golpes y mugre.

La puerta se abre y aparece mamita.

―Pasá, Cholo. Cuando salís, me dejás la plata en la mesa.

Gracias Daniel, por tu participación en La Lupa Cultural.

ALFREDO LEGNAZZI

Periodista – Escritor