Escritores invitados: Fabian Rapolla

Fabían es escritor y poeta, vive en Buenos Aires y combina su pasión por las letras con su otra pasión por el club de sus amores: San Lorenzo.

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Dueño de una prolífica trayectoria dentro de las letras nacionales ha publicado en 1999 su primer libro “Un Aguila de Nueve Vacas”, con Editorial Dunken. En el año 2000 resultó ganador del I Certamen Internacional de Poesia Letras. En el año 2001 publico el Libro “Los Pueblos del Alma”, Editorial Ateneo de las Letras.-En el año 2006 publico el Libro “A Voluntad de Dios”, Editorial Argenta. En el año 2008 resultó ganador del 3er. Premio Certámen de Poesía Homenaje al Amor, Editorial Gear. En Diciembre de 2011 fue galardonado con el 2do premio Concurso anual de Literatura, organizado por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

Lo recibimos en La Lupa Cultural y él nos retribuye con un  poema y un cuento.

LUNA DE BUENOS AIRES

Quisiera con vos, tomar ese primer café,

Enrojecerme ante la pausa de tus labios….cerrar  mis ojos.

Quisiera leerte un cuento donde vos y yo fuésemos los únicos personajes

Quisiera ver tu desnudo, reflejado frente al río.

Las estrellas se rompen y no hay cielo,

El pincel de un tango húmedo pinta este rincón vacío…

Tus alientos y silencios juegan a las cartas…y pierden, siempre.

Quisiera con vos tomar ese primer café,

Empezar por La Paz, almorzar en Chiquilín,

Pasar después por el Dante y despuntar la tarde a cortado y mediaslunas.

Quiero estar ahí, cuando sude tango por la pared

Y la foto del ilustre se amuralle en mis ojos.

Quisiera llegar corriendo por una torta de chocolate

Al viejo Tortoni, saludando al paso la mesa de Borges, Marechal y Neruda.

Quisiera correr con los ángeles y duendes de la avenida de mayo,

Quisiera hacer llover, tan sólo para ver lo linda que estás cuando te moja el

Agua.

Y entonces, tomar un vermut con la bola ocho y el humo amigo de los 36

Billares.

Luego, despacio, oliéndote como perro desconfiado, llegar hasta el pilar de

Sillas y mesas hinchadas de humedad de La Ideal, tanguería y cafetín

Ilustre, que me entrega a las siete de la tarde un ristretto que fecunda mis

Entrañas.

De allí caminamos hasta La Giralda, bajo el frío de un invierno Olvidable.

Al llegar nos tiramos en una mesa a jugar cartas con el alma,

Y entonces llega el chocolate con churros y nos enamora con la primer Mirada.

Impúdicos de vida, ausentes de angustia, nos tomamos de la mano

Y caminamos por Corrientes como si fuera antigua.

Me estremezco…ante cada librería,

Al pasar siento que me habla una poesía.

Cenamos en Pipo, borrachos de encanto,

Llega un bife de chorizo bien jugoso,

Llegan los fideos con pesto….

Se nos escapa la noche y quien le importa

Si nos espera el Café de los Angelitos

Y Carlitos colándose entre el albur del que sueña mas

Y la esperanza del que tiene menos.

Se no acaba la madrugada

Se nos va el último café,

La Academia nos promete revancha,

Es la hora en que todo vuelve a amanecer.

EL OLVIDO Y LA MEMORIA

El la miraba como se miran a las cosas olvidadas. Le alcanzó los pasajes y una carta. Ella tomó a su hijo de la mano, caminó hasta la puerta y la traspuso lentamente; el dolor era más pesado que el equipaje.

Una vez que el avión despegó, abrió la carta como quien escucha una condena. Leyó: “Los hombres tenemos el extraño privilegio de olvidar; quien más o quien menos en algún momento lo logra, a veces asumiendo la irreversible realidad, por supuesto en franca oposición a nuestros sentidos. Espero que vos y Tomy puedan reconstruir el hogar que nosotros no alcanzamos a edificar. No puedo decir si te voy a extrañar, ¡el alma es tan impredecible! Seguramente alguna vez seré cautivo de la nostalgia. Cuando eso suceda sabré cómo no hacértelo saber. Nos volveremos a ver… o no, quien sabe; el destino nos es tan ajeno como traicionero.  A lo largo de estos años, mi vida se transformó paulatinamente en un algo sin rostro, casi un eufemismo, fuera de todo gobierno. Sabía que amarte, tarde o temprano, iba a ser una trampa para mi vida. Jamás supe sostener un sentimiento  noble por mucho tiempo. El irrespetuoso y crónico –aunque negado-temor al abandono, las expectativas que puse en vos como un todo y tantas otras  contradicciones,  simuladas en sólidos argumentos,  se convirtieron en  barreras impenetrables, en el acólito conjunto de una tristeza sin fin. Me encantaría saber donde se fueron a morir las libertades que nos permitimos tanto tiempo. ¿Será que en algún momento, dejamos que los días transcurrieran sin el sello propio de los que se aman?  ¿Será  que  abocamos en el rincón de cada uno a los temores que nos merodeaban, sin siquiera rozarnos la piel? No lo sé, y seguramente jamás lo sabré; mi memoria es cada vez mas extraña a mis deseos, se ha insubordinado,  acasos así por la necesidad de supervivencia, para recordar aquello que tal vez sea importante. Lo cierto es que esto es una despedida, sin gloria, como corresponde”.

Cuando dobló la carta, sólo atinó a cerrar los ojos, despreciando el nudo  que atrapaba su estómago. Miró a su lado, allí continuaba el hijo, dormido aún. Estaban en pleno vuelo hacia un destino desconocido. Una vez más, intentaría reencauzar su vida con  el dolor de lo que se parte inexorablemente. Luego de unos meses, ya instalados en Roma, decidió responder la carta que el le había entregado.

II

El la recibió un sábado de lluvia. Como era su costumbre estaba desayunando ligeramente, cuando oyó que un sobre se deslizaba debajo de la puerta.

Al abrirla, sintió que el aire desaparecía a su alrededor. En la radio continuaban emitiendo su programa favorito, Se tomó el pecho, tosió un poco, casi como un ritual de preparación y volvió a la cocina. Decidió que allí la  leería frente a las tostadas y el café a medio tomar y allí comenzó a deambular entre esas letras unidas en palabras, deseando que fuera interminable…que todo se detuviera definitivamente.

“Quien sabe, mi estimado compañero; hoy ya no podemos elegir…ya viste, somos prisioneros de esta consecuencia. La vida se nos vistió de  gala pero ni así pudimos entrar, nos quedamos afuera, ¿de qué sirve entonces tanta reflexión?  Las letras ya me resultan imprudentes, alguna que otra lágrima no me permite distinguirlas con claridad.

El olvido y la memoria son intrusos que deja escapar el tiempo; el olvido apacigua los recuerdos, pero la memoria… la memoria los destruye con el silencio de la ausencia.

No se si te extraño ya; si sé que extraño los paseos por el parque, tus jadeos de cansancio a pesar que te negabas, obstinadamente,  a dejar de fumar. Extraño tu malhumor matinal y el beso que me dabas al irte a la biblioteca. Extraño el olor de nuestra casa, las viñetas porteñas que solías comentarme luego de cenar y que yo, aunque sin demostrártelo, absorbía con calidez.

Aquí la vida es hoy arquitectura constante, no tengo demasiado tiempo para  sentir; trato de no hacerlo tampoco. El dolor se agudiza, tal vez por el inmenso océano que nos separa.

Ya se encargarán el tiempo y la vida de juzgarnos, sin piedad, sin apelaciones, pero tampoco sin condenas escritas, lo que resultará aún peor.

Me están llamando, no es tu voz la que lo hace…lamentablemente. Adiós.”

Dejó la carta a un lado de la mesa y fue hasta el baño. Se lavó la cara y mientras se secaba comenzó a mirarse al espejo, casi obsesivamente, con  morbosa intensidad. Sintió un vahído, se movió a uno y otro costado sosteniéndose a duras penas  del lavabo. Abrió los ojos con mucha dificultad,  creyó que habían pasado horas. Algo extraño sucedía, estaba mirándose a sí mismo, lógico, si había estado frente al espejo, pero…¡estaba dentro del espejo, atrapado! Una inquietante sensación de calma le sucedió al escozor inicial. Movió su cuerpo como acomodándose y se relajó. El lugar era más espacioso de lo esperado. Por primera vez en largo tiempo, sintió paz. Se despidió del hombre desesperado, que lo miraba con terror desde el otro lado del espejo. Se fue a dormir,  por fin pudo descansar.

Gracias Fabian por tu aporte a La Lupa Cultural.

ALFREDO LEGNAZZI

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