Escritores invitados: Pablo Costantino

Hoy tenemos el honor de recibir en nuestra revista a Pablo Costantino, quien  nació  y se crio en San Martín, Provincia de Buenos Aires. Es periodista, egresado de TEA y DEPORTEA y desde su profesión y su pasión por el Racing Club, ha creado un en blog  http://pablocostantino.com.ar en donde despliega todo su arte: el de combinar las letras con los sentimientos futboleros.

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Dueño de un estilo muy personal, cuenta historias del club de sus amores, con una fina sensibilidad, constituyéndose sus escritos en notables ensayos dignos de ser leídos.

A todos los fanáticos del fútbol, no solo a los de Racing les recomiendo que no se pierdan de leer los relatos de Pablo.

En la Lupa nº 13  presentamos una de sus historia, un cuento:

 El Patriota Salteño

Todos saben que el patriota de la política es el hombre que despliega su actividad laboral por un principio esencial que es el compromiso con el país que representa. Cae de maduro que no es un político más entre aquellos que prevalecen en la actualidad, en realidad es alguien que se destaca en el rebaño del pragmatismo gubernamental por conservar sus ideales imperturbablemente, más allá de las conveniencias personales, más allá de las tentaciones que se le presenten.

Pocos saben que el patriota de la tribuna es el hincha genuino, es alguien que no se disfraza de entusiasta para atesorar dinero clandestino, es quien está al pie del cañón para alentar desinteresadamente a los jugadores de su equipo. Decididamente, es un fanático del anacrónico tablón y una figura emblemática que por su inconmensurable generosidad sentimental aporta su granito de arena para que el negocio del fútbol continúe vigente, más allá de la violencia organizada, más allá de los mercenarios de siempre.

EL patriotismo es una forma de vida que relaciona a un ser humano con su patria, tal vez por este motivo parezca desatinado calificar como patriota a un simple hincha apasionado por los colores de una camiseta, aunque si tenemos en cuenta que un club de fútbol puede ser tomado como una especie de patria sin frontera a la que es posible pertenecer, el concepto se tornaría mucho más coherente.

Desde hace muchos años, en la localidad de Avellaneda, hacen alusión a un muchacho salteño que de pequeño debió modificar su residencia originaria para emigrar a Buenos Aires con la ilusión de buscar nuevos horizontes y así intentar cristalizar la intangible percepción de sus cuantiosos sueños. Dicen que siempre está presente en la tribuna de Rácing y que lo consideran un hincha emblemático, así como también un referente.

También cuentan que durante la semana, cuando no se juega ningún partido, este personaje tan particular se traslada al Cilindro y allí medita, al lado de las tribunas, sentado a la intemperie. Llamativamente, algunos vecinos lo invitan a comer a sus viviendas cuando lo notan esmirriado y otros tantos arman rifas comunitarias para recaudar fondos y auxiliarlo en los momentos en los cuales sus recursos financieros son escasos.

Nadie se olvida que cuando Rácing se extinguía inexorablemente a fines del último milenio, cuando la quiebra institucional era una realidad y no una remota posibilidad, el patriota “racinguista” subió a la cima del volcán Llullaillaco, ubicado en su Salta natal, con la intención de clavar en la cúspide una inmensa bandera “académica” a cambio de algún hecho providencial que a posteriori garantizara la subsistencia del club de sus amores.

Según su propio testimonio, la tarea no fue sencilla porque nunca había escalado en su vida y la mayoría de las personas que intentaron hacerlo se quedaron con las ganas de finalizar el arduo recorrido. En una oportunidad le manifestó a un periodista partidario que trepó hasta el corte celestial, una circunstancia sublime asociada a su fe en Dios y alegóricamente justificada por los 6.730 metros de altura que debió ascender para cristalizar su ambicioso designio.epsaltdestt-580x333

Hoy en día, a más de diez años de poder “tocar el cielo con las manos”, no se olvida de los dolores de cabeza que sufrió en las alturas del volcán, como tampoco puede borrar de su memoria los calambres que padeció en las piernas mientras ascendía vehementemente hacia las alturas. También se le caen las lágrimas cuando se acuerda de la cámara de oxígeno que tuvo que ponerse sobre su rostro para subsistir en los momentos más complicados y menos alentadores.

En la actualidad, los hinchas de Rácing lo veneran porque consideran que gracias a su odisea el club sigue activo, y teniendo en cuenta que en estos tiempos en donde el término patriota es utilizado por impostores de sentimientos y arrebatadores de emociones, él enaltece la obsoleta terminología desde una humilde tribuna, sin hablar demasiado, sin hacer demasiado ruido, desde el anonimato, aunque seguramente con mucha más dignidad que los supuestos patriotas parlamentarios.

Gracias Pablo por tu aporte a la Lupa Cultural y por tu amistad.

ALFREDO LEGNAZZI

Una Respuesta a Escritores invitados: Pablo Costantino

  1. Jorge Sombra dijo:

    Los que piensan como Pablo, esos, debieran ser llamados patriotas.

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