Escritores invitados: Agustina Gallo

Agustina es una joven escritora, nacida en San Martín, de apenas 20 años. Estudia Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la UBA. Desde chica su famgallo2ilia le fomentó el gusto por la lectura, un gusto que con los años se fue acrecentando hasta convertirse en parte fundamental de su vida. Este camino que comenzó con un pequeño libro titulado “El patito feo” se plantea ante ella como infinito. Al menos, así quiere transitarlo.

Actualmente, disfruta mucho la lectura de ensayos sobre problemáticas sociales, como también de novelas históricas. Estos híbridos de ficción y realidad son sus preferidos a la hora de escribir también.

Nos dice “Si bien estoy acostumbrada a componer narraciones breves, como cuentos o crónicas periodísticas, la mayoría de las veces parto de un hecho de la realidad, el cual me exige que hable de él. Siento la necesidad de que no pase de largo. Y aunque puede que sean pocos quienes lo lean, las palabras lo convierten en inmortal. Considero realmente fascinante el hecho de que la literatura nos permita leer la realidad desde puntos de vista impensados, nos dé herramientas para explicar fenómenos que la ciencia jamás podría aclarar, nos abra caminos para elegir quién queremos ser. En fin, que nos permita convertirnos en artífices de mundos.”

Hoy tenemos el gran placer ofrecer a los lectores de La Lupa dos cuentos de su autoría.

 El juego del estante

Nunca me gustó el polvo del estante. En el negocio no había que sufrir su atosigamiento ni, tampoco, otros más que me dedicaré a contarles. La repisa era de madera. Grandes nudos se dibujaban sobre los listones. Eran el paisaje para los que allí descansábamos durante nuestra inútil espera. Ella nunca nos leería. Yo era joven y ella también, pero mi aspecto -sin intenciones de pecar de narcisista- era mucho mejor que el suyo. Sus trenzas coloradas, en apariencia prolijas, no eran más que la confirmación de que algo diabólico existía en su ser: la pequeña regordeta de pecas abundantes se dedicaba, incansablemente, a causar problemas a toda su familia. Recuerdo como si fuera hoy que una amiguita de mi dueña visitó nuestra casa. Sus ojos brillaban, y el halo de ilusión que emanaba su continuo parpadeo llamó increíblemente mi atención. Cuando la gordita le negó mi presencia, todo se tornó difuso: ¿Por qué planeaban llevarme a otra casa, lejos de mi polvo y mis amigos? Pero lo que aún más me consternaba era saber por qué mintió acerca de mi ausencia. A no confundir, los libros tendremos mucha sabiduría para entregar a nuestros lectores, pero eso no nos convierte, precisamente, en sabios. Días tras día se repetía esta maravillosa escena que encantaba a mis pensamientos, y hacía acrecentar mi ansiedad acerca de un futuro que me parecía incierto. Tal es así que, por las noches, no dormía: revoloteaba excitado mis hojas sin poder dejar de pensar en la pequeña de ensueños que todas las  tardes visitaba el umbral. Me imaginaba sobre su falda, sus dedos finos acariciando mis letras, sus ojos recorriéndome…

Llegó el momento en que mis fantasías se tornaron realidad: la madre de mi dueña ajustició mi presencia, castigó a su hija por las mentiras y, lo mejor de todo, me entregó por tiempo indeterminado a los brazos de la niña con cabello de oro.

Pero, contrario a mis infladas expectativas, la rubiecita no hacía más que dejarme olvidado por doquier, ignoraba de a ratos mi presencia; todo se tornaba ante mi como un macabro simulacro de felicidad que parecía no tener fin. Quise llorar, pero nada corrió por mis hojas. Estaba muerto, condenado a los caprichos de una criatura mal acostumbrada a satisfacer sin esfuerzos todos sus deseos; una pequeña que lo único que no anhelaba era oír las historias que yo guardaba, celosamente, para ella.

Ella, ciegamente enamorada de su victoria, me condenó al triste papel de un amante eternamente clandestino

Viaje

Le encantaba cuando aquel túnel se tragaba la claridad y le impedía continuar su lectura. Unos segundos, a veces,  unos minutos si el semáforo demoraba el trance. Aprovechaba ese instante para mirar por la ventana, repetir de memoria las frases que los militantes se afanaban por inscribir en toda la cuidad ó, sino, observaba a quienes la acompañaban en ese viaje que, de tan rutinario, siempre acababa por sorprenderla. Recorría los contornos de aquellas siluetas que cultivaban su imaginación. Mujeres con sus changos, niños con largos delantales, cuellos rígidos que adornaban las camisas, flores estampadas que, en aquella oscuridad, simulaban una naturaleza muerta: repetida, tristemente ficticia.

La boca del túnel la escupía, una vez más. La luz, nuevamente, pintaba letras sobre aquellas hojas rígidas que se posaban sobre sus manos blancas. Dos pupilas curiosas las descubrían, las desnudaban, las envidiaban y corregían al mismo tiempo. El aprendiz y el sabio se debatían continuamente en su interior: el temor del primero generaba el poder avasallante del segundo. Y, así, recorría los caminos que la vida le ofrecía: buscando respuestas para aquellas preguntas que aún no habían sido formuladas, guardando frases que aún no habían sido escritas, soñando horizontes que aún no habían sido pintados…

Agustina Gallo

¡Gracias Agustina!

Silvia Vázquez

 

 

2 Respuestas a Escritores invitados: Agustina Gallo

  1. MONICA dijo:

    Bellisimas tus letras Agustina,me hace feliz ver tu publicación fruto de una juventud en puja y sabia,esta toda tu dulzura pero también tus añoranzas y sueños completos de armonía.Besos de Monica

  2. Nicolás dijo:

    Excelentes, esta chica es una eminencia, la conozco y sé lo que les digo!

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