Cuentos: Desde abajo

velero-buenos-aires-1El primer día observó fijo el agua, cuando miró por la ventana de su nueva oficina.

Estaba en el tercer piso de un lujoso edificio de Puerto Madero.

Todo vidrio, todo luz, claridad reflejada en cada baldosa limpia de las veredas amplias y concurridas.

El problema era el balcón. Lo desafiaba. Lo hacía meterse cada vez más adentro y apenas asomarse al hacer la tarde, cuando ya no quedaba nadie que lo interrumpiera.

Intentó animarse a salir, pero le era muy difícil. Cada paso lo llevaba al precipicio al que no quería acercarse.

Pasaron meses, se había hecho amigo del balcón.

Esa tarde, se saco el saco gris y desanudó la corbata que lo ahogaba. No era él con esa corbata,. Nunca había estado atado a nadie ni a nada.

No lo pensó. Tomó coraje y bajó. Se acercó a la baranda de acero inoxidable que rodeaba la dársena, caminó a lo largo del puente de madera y llegó al otro lado.

Pasó su cuerpo por debajo de la baranda. Miró a todas partes. Ya no quedaba nadie iluminando las ventanas de las oficinas. Apenas caminaban unos cuantos cartoneros, a lo largo de los veredones del puerto.

Se sentó con las piernas colgando, desató sus zapatos nuevos, brillantes y se los sacó.

Tiró al agua los lentes oscuros, la billetera, y saltó.

Horas después, un par de zapatos flotaba abajo del muelle del Yatch club.SunflowersField_560_zps6ad69d07

Eso no era para él. No estaba preparado para encerrarse en una oficina, por más que su puesto de CEO lo obligara. Amaneció al lado de los girasoles que su padre había sembrado en el invierno. Y esa vez fue feliz, oliendo a tierra, y mirando fijo el sol, desde su nueva posición.

Silvia M. Vázquez

Auspicios:

periodismo en voz alta

 

Deja un comentario