Letras: Ignacio Molina: Las ganas y el placer por escribir

Ignacio Molina nació en Bahía Blanca en 1976 y publicó los libros de relatos “Los estantes vacíos” (2006) y “En los márgenes” (2011); la novela “Los modos de ganarse la vida” (2010), y los libros de poemas “Viajemos en subte a China” (2009) y “El idioma que usan todos” (2012).
Su última novela,”Los puentes magnéticos” publicada por Entropía, configura la voz de una protagonista que, a través de sus puntos de vista de la realidad, se mueve entre lo trascendente y lo rutinario, en un lugar donde las relaciones, las ausencias, la ansiedad y el deseo van armando un escenario urbano que, entre el ruido, alcanza cierta forma de silencio.
Juega lo onírico, lo transgesor, lo intencional en la narrativa sin dejar de lado transformaciones muy descriptas que va viviendo el personaje principal.

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Luego de haber leído su libro, Ignacio me responde para los lectores de La lupa:
En tus libros, hay ciertos temas recurrentes como como las relaciones sentimentales. En “ los puentes…” lo contás desde la óptica femenina, a que se debe eso?

Empecé a escribir esta novela en tercera persona y a las semanas o los meses me di cuenta de que había algo en el tono que no me convencía. Y cuando el tono no me convence me resulta imposible seguir. Lo principal es la voz que narra; de su solidez deriva todo lo demás. Entonces, cuando noté que no me convencía, me propuse cambiarla a primera persona, algo que no había intentado hasta el momento porque la protagonista era una mujer y eso me suponía un desafío mayor. Al final acepté ese desafío y la pasé muy bien poniéndome en la voz de una mujer durante tantos meses de escritura. Y quedé contento con el resultado.

¿Cuáles son las etapas más difíciles al escribir un libro desde otra óptica?

Escribir desde un personaje del sexo opuesto es difícil, pero en realidad no es tanto más difícil que escribir desde el género de uno. En ambos casos se trata de darle vida a alguien nuevo y hacerlo hablar, pensar y actuar; de meter situaciones y palabras en el mundo y de hacerlo de una manera especial. A veces sale más fácil y a veces cuesta un poco más. En este caso me costó un poco al principio, pero una vez que todo estuvo encarrilado las cosas fluyeron con naturalidad.

Tus narraciones tienen una similitud a las de Carver en cuanto a las relaciones directas, pero también tienen un efecto atrapante. Querás seguir leyendo, enterándote qué le va a pasar al personaje a medida que las líneas avanzan, sin dejar el libro de lado.¿Por qué pensás que sucede eso?

No sé bien, eso habría que preguntárselo a los lectores. Esta novela tiene treinta y siete capítulos y en cada uno traté de que hubiera tensión e intenté mantener siempre alerta la expectativa del lector. Aunque en realidad no es que piense mucho en el lector mientras escribo: lo que intentaba era mantener la tensión en mí. Hace poco me escribió Martín Rejtman, un autor al que admiro mucho, para decirme que estaba leyendo Los puentes… y que le gustaba mucho y le parecía “atrapante”. Y ahí terminé de darme cuenta de que era así para los lectores.

Narrar la rutina de alguien suele ser aburrido, no es este el caso. ¿Qué te llevó a describir minuciosamente la vida de alguien simple, que a su vez no piensa de manera simple, sino que vuelve atrás cuando se siente sola?

Cuando se habla de mis libros muchas veces se hace referencia a la cotidianidad, a lo rutinario. Y está muy bien. Pero también creo que eso es sólo una parte, que en mis relatos y novelas hay (o intento que haya) mucho más que eso. No son diarios íntimos del personaje. Una lectura perezosa y confundida podría concluir que sólo se trata de reflejar la cotidianidad llana de un personaje y nada más, pero lo que está detrás de eso, lo que subyace, es algo mucho más complejo y profundo, tanto en su sentido como en su construcción. O al menos eso me parece a mí.

“Los puentes…” ha tenido repercusión en varias notas literarias, esperabas eso o simplemente escribiste por el placer de hacer una segunda novela?

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Siempre escribo empujado por las ganas y por el placer de escribir. Después, lo que pase con el libro no depende tanto de mí. Si tiene más o menos repercusión, si tiene más o menos lectores, es algo que no puedo controlar. Pero obviamente que no escribo para tener repercusión. Si el objetivo fuera el de obtener repercusión, podría hacer una larga lista de cosas más fáciles para lograrlo que pasar meses escribiendo una novela.

Notamos que existe una relación que une los otros libros, una especie de trilogía. ¿Es hecho a propósito o te surgió de casualidad?

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Me gusta que alguien pueda verlo así. Pero yo no lo pensé de esa manera. Esas son lecturas que se dan con posterioridad y están muy bien. Yo no me pongo a analizar en ese aspecto lo que escribo, por lo menos antes de hacerlo o mientras lo hago. Ahora, si leo los libros en retrospectiva, sí puedo ver muchas cosas en común en todos ellos, aunque también veo que cada uno tiene su timbre y su espíritu particular.

Contanos acerca de lo que estabas escribiendo, una novela que transcurre en 2010, donde aparece la muerte de Néstor Kirchner.

Ahora estoy escribiendo una novela y una serie de relatos al mismo tiempo. La muerte de Kirchner –a través de una escena que se da en la Plaza de Mayo esa noche– aparece en alguno de ellos, pero no sé si va a quedar en la versión final. Todavía está muy verde todo.

¿ Cuáles fueron tus comienzos, tu relación con la literatura, fue desde chico o más tarde? ¿Siempre quisiste ser escritor?

Empecé a leer en la adolescencia. El primer libro que leí fue El cazador oculto, de Salinger, y sentí que me hubiera gustado escribirlo a mí. Después me volvió a pasar eso muchas veces, pero no con tanta intensidad. Y también, como me interesaba la política, empecé a leer a Eduardo Galeano (en parte, porque me gustaban Los Fabulosos Cadillacs y ellos habían sacado una canción titulada Las venas abiertas de América Latina). El primer cuento más o menos pasable que escribí se llamó La casilla y estaba narrado por un chico de una villa miseria, y hace poco fue publicado en una revista para educadores.

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¿Escribiste algún libro de poemas?
Sí, dos: Viajemos en subte a China y El idioma que usan todos. Escribo poemas de vez en cuando, y por etapas, cuando estoy en alguna situación anímica que me empuje a eso.

Respecto de los talleres literarios que coordinás.¿ Qué esperás de esos alumnos con ganas de expresarse?

Los talleres me dieron mucho más de lo que esperaba. Cuando empecé no sabía bien con qué iba a encontrarme. Y ahora se convirtieron en los momentos de la semana que más espero. Me gusta cómo los talleristas van afinando la mirada y van encontrando su manera de escribir y cómo se van puliendo y van creciendo los textos. El taller es un aprender haciendo y un hacer aprendiendo. Cada uno viene con intereses y experiencias y necesidades diferentes, y acá trato de que eso se complemente y se potencie y que sea productivo para todos. Es mentira que no se pueda aprender a escribir. Lo que es verdad es que el proceso de enseñanza no es tan lineal como otros, como enseñar a hacer una mesa, por ejemplo, y justamente eso es lo que lo convierte en una experiencia tan interesante, que requiere paciencia, concentración y parsimonia y que puede dar grandes resultados.

Publicamos los blogs de Ignacio:
Unidad Funcional
Los estantes vacíos
Taller de escritura de Ignacio Molina
Los modos de ganarse la vida
Los trabajos y los días

Para conectarse con el autor, al mail: ignaciomolina22@gmail.com

¡Gracias, Ignacio!

Silvia M. Vázquez

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