Entrevistas: Eduardo Vardé, escritor “Hay que caminar por todos lados, moverse, porque la felicidad está en el camino”

Eduardo Vardé es un joven escritor argentino recientemente premiado, participante incipiente de la movida literaria de Buenos Aires. Para conocer más sobre su obra y su claro pensamiento, contesta amablemente a nuestras preguntas.

15255_10204728488998266_3071397046213581336_n

¿Cómo te presentarías en sociedad?

Eduardo, un tipo común que disfruta de cosas sencillas, del amor de su mujer, de la casa, de la tranquilidad, que labura como cualquier hijo de vecino y que aparte de todo eso, a veces se sienta a diseñar mundos, rompecabezas, a escribir. Porque al final uno no es mucho más que eso, una persona.

¿Tenés tu propio estilo literario?

Es muy difícil tener un estilo propio, puede llevar años, qué digo años, décadas puede llevar conseguir la propia voz y a veces tampoco se consigue. Lo que intento es no mostrar quiénes me influyen, porque siempre hay alguien dando vueltas por arriba o por debajo del texto. Aunque (creo) que si me lees bien se nota un estilo casi propio.

¿Tenes formación en letras?

Cursé algunas materias en la Universidad de La Plata, pero siempre le escapé a la formalidad, un poco por el agobio, otro tanto la rutina y sumemos que en la primera clase la profesora nos dijo: “Si quieren ser escritores, están equivocados, acá no van a aprender a escribir”. Así que cursé unos meses y luego migré a talleres literarios. Lo cual me permitió enriquecer mi formación como escritor; encausar el flujo de hojas y hojas que se vomitaban en aquella época y que, al fin y al cabo, era lo que buscaba.

Ahora, un poco más encaminado, me dispongo a finalizar el profesorado en Letras, no para formarme como escritor, sino para ampliar el conocimiento y poder transmitirlo.

995633_10204888615835907_8541486654195707823_n

¿Cuáles son tus fuentes de inspiración?

Podría divagar, estirar las frases, pero si lo bueno es breve… así que me inspira la vida (frase hecha si las hay), pero en el camino hay muchos planos, muchas vidas que uno vive, a veces de forma paralela, oblicua, cruzada o todo junto. Hay que caminar por todos lados, moverse, porque la felicidad está en el camino.

También hay libros que uno los vive, que no solamente se leen sino que te hacen sentir protagonista o testigo de lo que pasa, que te enamora, que te enoja, que te indigna, eso también inspira. Inspira el amor, la muerte, los miedos, los buenos poetas, los perversos, el vecino comprando el pan en ojotas y musculosa, inspira. En dos pajaritos parados sobre el tendido telefónico está la inspiración, sino leamos el poema de Luis Lhoner.

Todo inspira, todo es fuente de arte, el problema está en cómo hacer arte con eso.

¿Cual fue tu primer cuento?

En cuarto grado, apareció el primer amor: una compañerita nueva. En esa misma línea de tiempo la maestra nos dio una actividad para realizar. Y como no tenía a quién preguntarle cómo enamorar a una mujer, le pregunté a la maestra, quien me respondió: “Sacate 10”. Obviamente esa no era la receta para enamorar mujeres (y hoy sigo sin conocer la fórmula). Pero su avivada me movilizó a escribir un cuento de terror donde el héroe (que casualmente llevaba mi nombre) salvaba a la niña bonita (que casualmente llevaba su nombre), no fue lo productivo que se esperaba, pero fue el puntapié de esto que hoy intento ser.

¿Notás que hay una evolución en tu forma de escribir?

En los últimos 5 años, hubo un crecimiento veloz (lo cual no marca que sea bueno). Mayoritariamente la participación en los talleres literarios de Alberto Ramponelli y Walter Iannelli me marcaron un nuevo rumbo, un recomienzo. Estoy muy feliz de haber compartido estas actividades con dos bestias de la literatura. Alberto (Rampo para mí) es un padre en este mundo literario. Sin sus palabras me hubieran quedado “las manos arrugadas, vacías”.

Los invito a conocerlo, porque no sólo dicta talleres, sino que es un magnifico escritor, de esos que te atrapan, te ponen patas para arriba y te sacuden de las piernas hasta dejarte seco, después te acomoda, te da unas palmaditas en la espalda y vos ya no sos el mismo, pero no sabés qué cambió.

En estos años además conocí el género, sub género, o como cornos quieran llamarlo: microficción. La brevedad, para mí. Descubrir que todos esos papelitos que tenía guardado para tirar a la basura en realidad servían, eran algo, me llenó de energía. Así que me dispuse a corregir y armar mundos completos con pedazos faltantes, en no usar 50 palabras cuando 10 son suficientes, en desafiar al lector que complete con su bagaje lo que dije pero no escribí. Ahí me gusta estar, ahí me divierto. A veces pienso en armar una novela, pero la verdad, rellenar hojas por rellenar hojas no me parece apropiado. En lo personal no me gusta. Las novelas nuevas suelen fallar en esto y las viejas también. Prefiero la potencia del cuento, ese Cross a la mandíbula que te deja tambaleando y algunas veces te tira a la lona, ko.

¿Que diferencia hay desde aquello inicios hasta ahora?

La experiencia.

Bueno, por si la brevedad necesita explicación, el hábito de la lectura y la reescritura son la base de la evolución. Rampo siempre nos decía que uno es su primer lector y también su primer corrector. Releer un texto después de dejarlo añejar o pudrirse (según el caso, tache lo que no corresponda) y mejorarlo es un recurso que antes no usaba. Pero para reescribir hay que aprender técnicas y recursos. Leer a los grandes, a los rusos, a los argentinos, un poco de filosofía, el diario, el twitter, el facebook, leer, leer, leer y en la misma medida, escribir, sino para qué leer.

Además la vida se mueve y uno se mueve con la vida, las cosas cambian, el mundo cambia, la tecnología cambia y uno también. Jamás imaginé ser escritor, lo mío pasaba por el deporte, el alto rendimiento y la pelotita bajo la suela o colgada de un ángulo. Pero acá me ves, haciendo anotaciones en papelitos o en el celular, anotaciones que después serán historias. Así surgieron “La Cultura del Amor” (2009, ed. Macedonia) y “Dos Veces Breve” (2013, ed. DVB), mis libros publicados y así seguirán naciendo los demás.

Por eso, bien resumido: la experiencia.

¿Cuáles son tus ambiciones como escritor?

Escribir mejor, mucho mejor y, por supuesto, ser leído. Lo demás es pura cháchara.

¿Te gustaría se famoso, escribir un best seller?

La fama no me interesa, las leyes del comercio tampoco. Pero sí me gustaría (y acá me contradigo) vivir de mi literatura. Por lo cual hay que cambiar las leyes del mercado o adaptarse a ellas. Qué dilema, ¿no?

Creo que lo difícil es encontrar ojos preparados. Hoy somos pocos los que escribimos por sentido estético. Casi todo lo nuevo que leo tiene un trasfondo político y a veces hasta una clara bajada de línea. Lo cual no está del todo mal, pero me gusta el laburo logrado y que si muestra una visión de mundo (ineludible) que se desprenda de lo escrito, que infiera

10310580_10205486489987111_8073001357708543546_n

Muchos reniengan de la parte comercial, como si infectara el arte. ¿compartis esa postura?

Vivimos en una sociedad capitalista, legislada por capitalistas, regulada por capitalistas, para que gente sin capital sueñe con tener capital suficiente para ser capitalista y poder regular la sociedad, legislar la sociedad y/o usufructuar la sociedad. Esa es la mecánica de nuestros tiempos, por ejemplo, el futbolista se vuelve Dios, quien se transforma en posters, y en publicidad. Esta publicidad genera compradores, sin importar la escala, el rol o el status social, y la guita llega de todas partes a donde Ellos quieren. Al final, Ellos viven desconsideradamente bien y los otros como podemos. Así estamos, desde que recuerdo. Hay que cuidar a quienes hacen arte en medio de esto y sobre todo a quienes no rompen la línea que separa el arte de la mierda. Delgada línea, Alfredo. Y sabemos que en muchas más oportunidades de las que podemos contar se aplaude de pie a la mierda.

Contame sobre el premio que ganaste

Los premios son el reconocimiento al laburo que hiciste, pero no mucho más. Hablan de lo que creaste en un tiempo pasado. No se vive de los premios, no son el camino a la gloria, pero motivan a seguir. Orgullo siento de haber sido galardonado en varios concursos, pero todas las mañanas me tengo que levantar y salir a laburar de algo que no me agrada hacer pero que debo hacer si quiero tener acceso digno a una casa, a un viaje a un congreso de literatura, a un auto o a cualquier cosa que se pueda comprar, la familia no come diplomas. Te cuento que este año me invitaron al “VIII Congreso Internacional de Microficción” en la Universidad Kentucky, y no pude asistir, básicamente por ser pobre y no tener sponsor ni contactos en los altos rangos del gobierno. Hasta me acerqué carta en mano al despacho de la presidente, y me respondieron dos meses después de la fecha del congreso: “No hay fondos para ese tipo de pedidos”. Conociendo que a Otros sí les pagan los viajes.

Volviendo al tema, hay personas que imaginan que ganar un premio te salva la vida, y que como si fuera ganar el Quini o el Loto te dan una camionada de guita y te parás hasta la muerte. Les cuento que no, si bien es un honor ser reconocido, sobre todo si los que te dan el premio son pares y te reconocen entre cientos o miles de pares, pero la vida continúa, inexorable, a veces imposible.

Claro ejemplo, el año pasado declararon de interés legislativo y cultural por la Provincia de Buenos Aires a mi libro “Dos Veces Breve”, este año me dieron el segundo premio en narrativa de la revista Guka, y me seleccionaron varias editoriales en España para integrar antologías, entre ellas una que responde a Penguin Random House. Pero de ahí a vivir de esto, largo trecho

¿Cuáles son tus proyectos para el 2015?

Vivir en paz con mi mujer, y tener tiempo para escribir más y mejor (y se puede, conseguir una editorial motivada en publicar un libro que estoy preparando, y así puedan leerme).

Gracias Eduardo por tu aporte a La Lupa Cultural!

http://eduardovarde.blogspot.com.ar/

ALFREDO LEGNAZZI

 securedownload (1)

angie garcia.11

CINCO LIBROS2

SHIN-GI-TAI-DOJORAINBOW-ENGLISH

 

Una Respuesta a Entrevistas: Eduardo Vardé, escritor “Hay que caminar por todos lados, moverse, porque la felicidad está en el camino”

  1. Nancy Chiappara dijo:

    “Hoy somos pocos los que escribimos por sentido estético”. Leí toda la entrevista y me gustaron los conceptos que maneja Eduardo Vardé pero si tengo que elegir una frase me quedo con la que copié al principio. Borges también escribía por “sentido estético” Muy buena la entrevista.

Deja un comentario