LA MUSICA QUE MARCO MI VIDA

Días atrás, en una información casi al pasar, a la cual no le fue dada mayor trascendencia, escuché la triste noticia de que Robin Gibb luchaba por su vida. Se encontraba internado tratando de vencer a su enfermedad y  estaba en estado terminal.
La noticia fue una más. Pensé en ese momento tan dramático que el estaba viviendo y reflexioné que ante tantos problemas que las personas tenemos a diario, nos hacemos insensibles ante todo lo que ocurre y tomamos ese tipo de hechos como si fueran  poco importantes.

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Pero más allá de esa realidad, de este mundo vertiginoso que sigue y sigue a pesar de todo a mí me dejó ese sabor amargo que es difícil de explicar. Por un lado se trata de  alguien que no conozco personalmente, pero, en esa paradoja que nos plantean los artistas que tienen una llegada a millones de personas, sentí que lo que le estaba ocurriendo  era como si le pasara a un amigo.
Y así sin proponérmelo mi mente viajo a esos años dorados cuando  la música de los BEE GEES estaba en la cima.
Comencé a recordar imágenes de los 70, de la película Fiebre del Sábado por la noche.  También de los boliches que frecuentaba en los que hacía furor esa música. En esa época se había impuesto el corte de pelo a lo John Travolta y todos los chicos y jóvenes pretendíamos imitarlo cuando bailábamos.
Recuerdo haber tenido el Vinilo de ese disco tan exitoso en mis manos y escuchar esos temas en el viejo winco una y otra vez.
Luego investigando quienes eran los Bee Gees supe que tenían una larga trayectoria anterior a esa música (música disco o bailable).
Los Bee Gees comenzaron su historia musical en la década de los 50 siendo muy pequeños y tenían una carrera importante antes de aquel glorioso 1978, aunque aquí en la Argentina nadie los conocía. Y por más que en los años posteriores también fueron exitosos y sacaron discos impresionantes e hicieron presentaciones multitudinarias,( recuerdo el recital en la Argentina en un estadio de la Ciudad de Bs.As. a veinte años de Fiebre del Sábado por la noche), en la memoria colectiva han quedado esos recuerdos que marcaron a  toda una generación.
Más allá de que solemos decir que la obra de un artista se independiza y crece como una criatura independiente de sus autores, de mi parte, cada día en que busco en mi discoteca alguno de los tantos discos de grandes intérpretes de todos los tiempos, me pregunto qué sería de mi vida y de la vida de todas las personas sin esa maravillosa música.
En esa reflexión me emociono y pienso en esas voces y en esos instrumentos ejecutados con alma y vida, dando lo mejor de sí, para brindar esa alegría diaria a nuestra existencia. Esa oportunidad de estar en compañía y hacer más amenos algunos momentos  de nuestra vida, en que la rutina se hace presente o la oquedad parece atraparnos.
Por eso creo que todo artista que tiene ese don que Dios le ha dado y que con total generosidad lo ofrenda al Universo para que todos podamos disfrutar de su obra,   merece por lo menos, aunque sea a la distancia una intención, una oración, un sentimiento o una señal de afecto que pueda retribuir tanta felicidad que supo dar.
Agradezco a todos aquellos que a través de su música han marcado positivamente nuestra vida.
Robin Gibb, murió a los pocos días, el 20 de mayo de 2012. Su hermano mellizo falleció en 2003. Aunque físicamente no estén con nosotros, siempre lo estarán a través de su obra. Desde este lugar les brindo mi tributo y les doy mi agradecimiento por haber contribuido a sentirme tan feliz escuchando tan hermosas melodías
ALFREDO LEGNAZZI
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