Crónicas nicoleñas, una experiencia inolvidable

Desde hace ya muchos años, por cuestiones laborales, suelo tomarme vacaciones en la segunda quincena de enero. En otra época era habitual programar algún viaje con mucha anticipación porque era difícil conseguir alojamiento. Pero los tiempos han cambiado y 2014 a pesar del entusiasmo del comienzo de un nuevo año, me sorprendió sin planes.

Podría decir que me exprimí el cerebro pensando en posibilidades de viaje cercanas, baratas, accesibles, novedosas y que además me resultasen atractivas y no hallé respuesta. La ecuación se hizo difícil de resolver, por lo que me había resignado a no viajar.

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Pero soy muy creyente de las cuestiones esotéricas, metafísicas y de los milagros que creo que ocurren cuando uno menos los espera y fue así que a principios de enero en una de esas noches en las que estaba conectado a facebook, de pronto apareció una invitación inesperada: venía de parte de Enriqueta, amiga de face, escritora, poetisa y ahora amiga que trasciende lo virtual para transformarse en real. A Enriqueta la conocí hace unos meses, y en La Lupa de Octubre le hice una entrevista.

Sin pensarlo, tuve finalmente mi viaje programado. La invitación era tentadora: pasar varios días en San Nicolás, y el 22 de enero por la noche participar en el programa que Enriqueta tiene junto a Juan Porti y Mariano Barrio en la Radio Corazón, en su programa Lluvia de letras.

Los días de enero fueron transcurriendo, siempre trabajando a presión, ya que mi profesión implica cumplir con los vencimientos, y comencé mis vacaciones  estrictamente el 16 de enero, y aunque faltaban algunos días, mi expectativa estaba puesta en el día 22, esperando que llegase el momento para poder viajar.

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Aproveche el tiempo libre para corregir mi nuevo libro y hacer lo que va quedando pendiente por falta de tiempo. La semana pasó rápido y ya estaban preparados todos los pormenores del viaje: el pasaje, el bolso y el remis que me llevaría hasta le terminal de Retiro.

La idea era llegar temprano para aprovechar mi estadía en San Nicolás, ciudad que no conocía, por eso saqué el pasaje para viajar bien tempranito, a las 5.45.

El remis pasó a buscarme a las 4.45. Siempre fui previsor, deseaba llegar lo antes posible y esperar en la terminal y no  sobre la hora, a riesgo de que el micro partiera sin mí.

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A las 4.40 ya estaba con mi bolso “pucará”, en el jardín de mi casa, mirando el reloj. Atentando contra mi ansiedad, el auto llegó cinco minutos tarde, lo que provocó un principio de pánico y estuve a punto de llamar a la remisería para ver que ocurría. Pero la situación duró poco tiempo ya que en el horizonte de esa mañana fresca de enero, a unas tres cuadras, doblando en la Diagonal 80, vi aproximarse al Siena que me llevaría hasta la terminal.

El chofer era un hombre mayor, ducho en su trabajo y me dio la tranquilidad suficiente para saber que iba a llegar a tiempo. Tomó por caminos desconocidos por mí, alejados de las avenidas, lo que le dio esa posibilidad de acceder más rápido a la Gral. Paz y luego a la Avenida Lugones.

En menos de media hora llegué a Retiro. Antes de de las 5.30 ya estaba allí sentado frente a la cartelera que indicaría de que dársena  de la cual saldría el micro.

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El ambiente de la terminal a esa hora era inquietante, ya que los negocios están cerrados y se respiraba cierto recelo o desconfianza, tanto en mí como en las otras personas. Pero es algo lógico en los tiempos que corren.

El ómnibus llegó con algo de retraso. Sin que me den ninguna explicación unos 15 minutos más tarde de lo previsto hice mi ingreso al  micro y me instalé en el asiento nº 40 en el  primer piso, rumbo a San Nicolás de los Arroyos.

El arribo estaba previsto para las 9.30, pero se sumó a la demora de la partida, el hecho de que el micro ingreso en algunas localidades intermedias.

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El viaje fue tranquilo y apacible. Me concentré en el paisaje y por momentos dormité hasta que sin darme cuenta se hicieron las 9. El celular indicaba que había una llamada perdida. Era Enriqueta. Respondí a su llamado y le comenté que estaba demorado, y que llegaría a las 10 aproximadamente.

 

Con una llovizna casi imperceptible, el micro llegó a la terminal. Enriqueta me esperaba. Ya habíamos tenido contacto via skype, pero más allá de la tecnología, no hay nada más bello que contactarse personalmente.

Enriqueta es una mujer sencilla, franca, sincera que con su acento nicoleño me recibe con mucha calidez. Me espera junto a Mariano de León otro escritor nicoleño y mas allá de haber vivido anteriormente otras experiencias similares, como cuando viaje a Córdoba en enero de 2012, en que José Oviedo de Quo Vadis me llevó de gira por Alta Gracia, Mina Clavero y por Icho Cruz para presentar El Manuscrito, siempre está ese sabor de la primera vez cuando salgo de Villa Ballester. Esas ansias de conocer otras personas y dejar mi huella en los lugares que visito.

Y allí estaban ellos, Enriqueta y Mariano haciéndome sentir bien con su hospitalidad.

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En su automóvil me llevaron hasta el Hotel Río. En el trayecto mientras conversaba con Enriqueta observaba el paisaje “nicoleño”. No soy un gran conocedor de las ciudades de la Provincia de Buenos Aires, pero enseguida mi mente asoció ese panorama de veredas angostas y casas antiguas a otros lugares como San Pedro o Victoria en Entre Ríos. Curiosamente no se ven frentes pintados con graffitis.

San Nicolás me recibió en pleno movimiento. Si bien para mí era un día de mis vacaciones, muy especial por cierto por la invitación, observé mucho movimiento. Autos a toda velocidad, muchas personas caminando, los comercios abiertos…

Ni bien llegamos al hotel, Enriqueta hizo  las gestiones para mi alojamiento. La invitación era completa, con el hospedaje incluido, por lo que arreglo a parte mi estancia para el segundo día.

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Luego Enriqueta se retiró, nos despedimos hasta la noche, a las 20.30 para concurrir a la radio.

Me instalé en la habitación en el primer piso. Un sueño intenso me atacó de pronto. Era que la tensión del viaje más las pocas horas de sueño del día anterior, comenzaba a notarse. Fue por eso que decidí dormir un rato.

Después de un sueño reparador salí a recorrer la ciudad y a buscar un lugar para almorzar. El calor era intenso. Fueron los días más calurosos de enero ya que el termómetro escaló casi los 50 grados.

Por eso desistí de la recorrida y rápidamente busqué un restaurant con aire para poder sofocar las temperaturas tan altas.

Así fue transcurriendo mi primera tarde en San Nicolás. Luego de almorzar regresé al hotel y comencé con los preparativos para el programa de radio. Elegí la ropa que usaría mientras veía un poco de televisión. Me di una ducha reparadora y quedé en condiciones adecuadas, físicas y mentales para concurrir a la entrevista.

Bien puntualmente a 20.30 llegó Enriqueta en un remis y nos dirigimos a la radio. El calor era intenso, pero el placer por estar allí era mucho mayor.

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La radio esta a unas pocas cuadras del hotel. Mientras esperábamos que culmine el programa anterior, en la puerta de la radio Enriqueta me presentó a sus compañeros de equipo y a otros invitados que estarían esa noche en la mesa. Así conocí a Juan Porti escritor y co-conductor del programa, a Mariano Barrio, a la escritora Isabel Lugones y el escritor Hugo Fatuto gente de letras y de la cultura de San Nicolás y de ciudades cercanas. La conversación fue amable, cordial. Me sentí muy gustoso de estar con personas que recién conocía, pero con las que me sentí hermanado a través del arte.

A las 21 comenzó la emisión. Enriqueta es muy locuaz. El programa es muy dinámico y logra ese efecto de que por más de tratarse de un evento cultural no resulta demasiado solemne. Intercalado con temas musicales, con la participación de los otros invitados y una entrevista a un escritor de Puerto Rico, Enriqueta despliega su faceta de entrevistadora.

Me sentí muy cómodo, como en mi casa. Nunca antes había tenido una entrevista tan extensa. Enriqueta me brindó su programa por más de dos horas, por lo que pude explayarme ampliamente sobre todos los temas que me fue preguntando. Así hablé de mis comienzos, mis etapas en la escritura, mi participación en SESAM, CILSAM, la creación de La Lupa Cultural y de La Lupa Ediciones, La feria del libro de San Martín y de mis libros El Manuscrito, Alter Ego y Retrospectiva.  Y de tantos temas relacionados, con mucho detalles. Fue una posibilidad única de que los oyentes me escuchasen.

El programa fue transcurriendo  y todo  salió bien hasta que llegaron las doce de la noche. Confieso que tuve muchas ganas de seguir pero “el tiempo es tirano” como se dice habitualmente.

Muchas fotos reflejan el momento tan lindo que viví, pero  la visita no terminó allí.

Como buena anfitriona Enriqueta junto a su equipo me llevaron a la zona céntrica de San Nicolás, en donde se hay una movida nocturna importante. Fuimos a cenar y hablamos de cuestiones literarias y personales. Es increíble la gran cantidad de coincidencias, desde lo literario hasta el común interés por la metafísica, las artes marciales y la yerba que usamos para el mate.

Fue una noche hermosa de enero,  con muchas luces que se encendieron en mi. Pareciera que las ideas se potencian cuando hablamos con Enriqueta. Me contó sus experiencias y yo le conté las mías.

Eran  2.30 y el restaurant estaba por cerrar por lo que nos despedimos hasta el día siguiente y fui rumbo al hotel con ese sentimiento tan profundo de haber encontrado personas que hablan mi mismo idioma.

El jueves me levanté tarde. Cuando estuve listo, preparado para salir Enriqueta me pasó a buscar junto a Mariano  y me llevaron a recorrer algunos lugares de San Nicolás.

Es así que tuve la oportunidad de visitar La Casa del acuerdo, en la que amablemente tuve una visita guiada exclusiva, conociendo los pormenores de la historia de San Nicolás. Luego fui hasta el Teatro en donde conocí al Director de cultura, quien me llevó a recorrer distintas salas del lugar, junto a Enriqueta.  También fuimos a la Iglesia de San Nicolás, un lugar bello y majestuoso. Después de una recorrida por el río y algunos lugares turísticos fuimos a almorzar y regresé al Hotel. La temperatura estaba escalando los 47 grados y me refugié en la habitación al amparo del aire acondicionado. La noche me sorprendió con un apagón generalizado que me obligó a salir y buscar un lugar para cenar encontrar un poco de aire fresco, aunque el clima era irrespirable. Pero a pesar de esos avatares mi espíritu se encontraba elevado, y  me sentía muy gratificado.

Una lluvia intensa finalmente  produjo que las temperaturas bajasen y así comenzar con más aliviado el día siguiente, el viernes.

Mi salida del hotel fue a la diez, después de desayunar. Enriqueta y Mariano pasaron a buscarme a las 11 y nuevamente fuimos a recorrer San Nicolás y también Ramallo. Fuimos a una zona de cabañas y bajo un cielo gris pero con un resplandor muy fuerte tomamos unos mates y charlamos nuevamente de la vida y de nuestros proyectos literarios.

Luego nos fuimos a la Casa de Enriqueta, quien amablemente me  invitó a almorzar pizza casera. Brindamos por ese bello encuentro y la oportunidad que la vida nos ha dado al conocernos. Elevamos nuestras copas por el presente y por el futuro. A las 15.45 me llevaron hasta la terminal y partí rumbo a Villa Ballester.

Fue un viaje bello, intenso y fructífero en el que una vez más he sentido que el arte, en este caso la literatura sirve para unir espiritualmente a las personas, más allá de la política, la religión, las preferencias sexuales o los títulos.

Un viaje, una entrevista: un momento espiritual elevado que nunca olvidaré.

Si desean conocer más a Enriqueta de la Encarnación Blass, a Juan Arguello y acerca de Lluvia de Letras pueden seguir los siguientes enlaces:

https://www.facebook.com/enriquetadelaencarnacion.blass.1?fref=ts

https://www.facebook.com/lluviadeletras.blassporthibarrio.5?fref=ts

http://sinfoniasdeamorypensamientoslibres.blogspot.com.ar/

Gracias querida amiga Enriqueta, gracias amigo Juan y gracias a San Nicolás de los Arroyos por su hospitalidad.

ALFREDO LEGNAZZI

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