Entrevistas: Carlos Cuccaro, “Los árboles del abismo”

Carlos Cuccaro es un escritor argentino, oriundo de la ciudad de Azul. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes  Luciano Fortabat  y siendo tan joven, tiene una larga trayectoria en el camino de la literatura. Ha publicado sus notas en distintos medios gráficos de todo el país y ha escrito siete libros: Ultrasenderos (1993), Libro de Babilonía (1996), Los latidos oscuros del silencio (2001), Blues (2007), Luciflor y la sangre (2008), Tharsis (2011) y Los árboles del abismo, su más reciente creación.

Con el regreso de La Lupa, en marzo de 2015, Carlos responde a nuestras preguntas.

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¿Todos tus libros son de poemas?

Todo lo que tengo editado en soporte libro es poesía. He abordado la crítica literaria y –más ocasionalmente- la narrativa en revistas y blogs

Tenés estudios en bellas artes, ¿En qué rama, género o arte?

En la etapa de la juventud mi vocación por la literatura estuvo compartida con mi vocación por la plástica, canal expresivo que no descarto retomar algún día. En mi época de estudiante la carrera comprendía un magisterio de tres años, más tres años de profesorado especializado en pintura escultura o grabado, que dejé incompleto. De todos modos esa etapa es una de las de más ”siembra” de mi vida, puesto que mi acercamiento a las artes plásticas no fue para obtener un magisterio o un profesorado (de hecho me dedico laboralmente a algo bien distinto, pues me gano la vida en un empleo administrativo) sino para aprender a “ver”. Hay cierta formación de la sensibilidad que se da en esa etapa de la juventud y no en otra

 ¿En qué medios nacionales participaste y participás?

Integré el staff de Tráfico Cultural, de Maná Azul, alguna vez codirigí una revista (“Dioses del Sótano”), recuerdo mucho que, en mis comienzos, las revistas literarias de esa época (fines de los 80 y principios de los 90) conformaban un particular circuito de intercambio; aún no existía la web y la expresión en democracia traía nuevos aires en todos los ámbitos. Puedo mencionar a infinidad de escritores y revistas que me brindaron un espacio: Rolando Revagliatti en muchas publicaciones y ciclos, Ricardo Rubio con “La Luna Que”, Alberto Luis Ponzo y Alba Correa Escandell con “Hojas del Caminador” , Alicia Gallegos, Leopoldo Real de Azua, Susana Cattaneo y “Extranjera a la Intemperie”, Dante Bustos, Hector Javier Belecco y “Lluvia de Vidrio”, Elido Di Serio y “Tráfico Cultural”, “La Cultura en El Tiempo” de Juan A. Carrau, y puedo mencionar también el acercamiento y el consejo de algunos escritores de mayor trayectoria que me fueron guiando: Graciela Susana Puente-quien prologó uno de mis libros-, Roberto Glorioso, Mario G.Linares, Horacio Preler, Ana Emilia Lahitte… Luego, toda esta actividad se fue diversificando a través de los blogs y sitios web, y con la “moda” de los recitales poéticos que, aunque no estoy constantemente en los mismos (entre otras cosas por vivir a más de 300 km de Buenos Aires), considero que son un buen vehículo de difusión y de debate. En los últimos años todo eso se ha multiplicado mucho debido a la tecnología. Uno ya no puede siquiera “seguir” a dónde van sus textos a través de las redes. Esto no es ni bueno ni malo, es un dato más de la realidad

 ¿Participás en carácter de escritor o también hacés periodismo?

He incursionado en el periodismo radial, en Radio Azul, y en diversas emisoras de FM, conduje un programa “Café de las Artes”, participé como columnista radial en varios ciclos, generalmente abordando la literatura como temática, aunque no siempre. De todos modos, hoy estoy un poco alejado de eso. Me dedico a dos cosas fundamentales: a escribir y a mi familia

 Desde 1993 en que publicaste Ultrasenderos, ¿que balance hacés como escritor?

Hay parámetros para medir obras literarias que no me convencen:”éxito”, “fracaso”, “placer”, “satisfacción”, creo que ninguna se adecua plenamente a una obra que está siempre gestándose y rompiendo sus propios moldes. Escribo -te diría- por necesidad, porque no me imagino haciendo otra cosa

Todos tus títulos son muy sugestivos, llaman a leer tus libros, ¿cómo los elegiste?, ¿tienen que ver con el contenido de cada uno?

El título es la puerta de acceso, no digo que necesariamente se busque generar una expectativa, pero tiene que tener esa capacidad de síntesis como para definir en una frase los lineamientos esenciales de una obra. Si son sugestivos, tal vez incida en algo mi antigua pasión por la pintura (son “visuales”), o en que también me gusta el cine…en algunos casos he preferido la metáfora en estado puro (“Los latidos oscuros del silencio”, “Los árboles del abismo”)…sintetizando: creo que el título es un aspecto de la obra que llama a que el autor sea capaz de “nombrarse”, se puede inclusive prescindir de él cuando el objeto deviene totalmente innombrable o inaprensible, o cuando un título categórico y abarcativo define una totalidad más allá de cada libro como hizo Juarroz con su “Poesía Vertical”, por ejemplo.

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Hablame  de Los árboles del abismo, ¿Qué expectativa tenés, ya tenés un público que te sigue?

“Los árboles del abismo” es un libro arduo, de ruptura. Está planteado en forma de díptico, en dos cuerpos poéticos cuya diferencia entre sí -en definitiva- no es más que la extensión, manteniendo ambos el mismo tono y la misma tensión interna, es casi como un juego de “apertura –cierre” en cuyo centro está el lector. La verdad es que mis libros son leídos por un público heterogéneo. No tengo un “lector tipo”.Lo interesante es el resultado que desencadena la lectura y lo que encuentran en el texto los lectores, que siempre es “algo más” que lo que el autor, en primera instancia, quiso decir

 ¿Cómo definirías un poema?, ¿qué es para vos y qué representa?

El poema tiene la potencialidad de abordar territorios indefinibles a través del uso corriente de un lenguaje. Viene a ser, supongo, lo que los sueños son a la vigilia. Con la diferencia que el poema deja abierta una puerta a lo puramente mental, a poder “direccionar” ese sueño, de alguna manera

 ¿Logras reflejar tus ideas en un poema?

El poeta, si es consciente de esa capacidad de subvertir el lenguaje, comienza a explorar territorios siempre nuevos. Lo que denominamos “ideas” son quizá una mínima parte de lo que intentamos plasmar en esa búsqueda. Los poetas más tensionantes y profundos para mi gusto ( Rimbaud , Poe, Baudelaire) han creado plasmando más bien sus obsesiones, sus miedos, sus pesadillas; todo el elemento inconsciente que después retomaron y sistematizaron los surrealistas, el lado oscuro de nuestra naturaleza que está lleno de poesía y de conceptos que esperan ser definidos…

 ¿Participás activamente en la SADE de tu ciudad?

En este momento SADE Azul está desactivada. Es que el federalismo cultural sigue siendo una materia pendiente de todos los gobiernos, pese a lo que han proclamado y proclaman. Si en los 90 la cultura fue olvidada por el poder político, hoy no sucede nada demasiado distinto, con el agravante de que el gobierno ha establecido una grieta, una división perversa entre artistas que están con el proyecto (que se autoproclaman “militantes”) y los intelectuales y artistas críticos. Algo muy a la cubana, que entristece mucho, máxime porque en los primeros dos o tres años de este modelo, el mismo había logrado despertarme grandes esperanzas. Puedo definirme como un decepcionado del populismo.

 ¿Tu nuevo libro los vas a presentar en Buenos Aires?

En lo que respecta a Buenos Aires, en este caso he optado por ir difundiendo el libro en distintos cafés literarios y recitales poéticos a lo largo del año, lo que ya se irá informando, puesto que el libro está recién salido.

Si tuvieras que vender tu libro (digo por el mensaje, más allá de lo comercial, que también es necesario), ¿qué le dirías a tus lectores o futuros lectores?

Recuerdo una frase de Salvador Dalí: “Yo soy la droga. Tomadme”

A lo largo de tu trayectoria,¿ tuviste alguna anécdota o aprendizaje que quieras compartir con los lectores de La Lupa?

Como anécdota risible puedo recordar cuando hace dos o tres años un autor de “libros de autoayuda” me “prestó” su público. El hecho fue así. Me tocó presentar “Tharsis”, mi anterior libro, en la feria del libro de la ciudad de Olavarría. Justo después de mi presentación, en la misma sala se presentaba Bernardo Stamateas con uno de sus libros. Mi acto comenzó con retraso y, debido a no sé qué falla de organización, a los diez minutos comenzó a ingresar el nutrido público de Stamateas, que terminó por colmar el salón. Guillermo Del Zotto, que conducía la mesa, apenas lograba disimular su enojo. Pero lo interesante fue que la gente comenzó a engancharse con los poemas, a punto tal que a los pocos minutos me encontré leyendo mi libro ante un salón (el del Concejo Deliberante de Olavarría) repleto por los cuatro costados, que terminó aplaudiendo, aunque lo que estaban oyendo fuera tan diferente a “Gente tóxica” de Stamateas. Encima, al día siguiente, los diarios publicaron la foto de la mesa de la presentación de mi libro y una panorámica del público. Todo quedó como un éxito impresionante de concurrencia, de pura casualidad…También rescato personajes anecdóticos, cosas un poco intransferibles que conforman una vivencia propia del universo que se comparte entre escritores. Haber escuchado leer sus textos, en sus propias voces, a Jorge Smerling o Jorge Luis Estrella por ejemplo, me hace acordar a aquello que escribía Borges acerca de que su memoria guardaba para siempre el eco de “la voz de Macedonio”, eco que moriría con él. También es anecdótico el recuerdo de los primeros años, cuando con poetas jóvenes compartíamos ideas y proyectos que generalmente quedaban en eso, porque ese era precisamente su destino…La literatura es un trabajo arduo y –al mismo tiempo-un camino extraño. Como la vida, tal vez…

Carlos comparte con los lectores de La Lupa, un poema de su autoría.

LA LOCURA SE PARECE A LA LLUVIA

La locura se parece a la lluvia.

No hablo de la lluvia que te cala los huesos,

hablo de la otra, de la mansa,

de la que acaricia las chimeneas antiguas

con sus manos de nena triste.

Hablo de la lluvia que pinta de gris la avenida Boedo

un sábado a la tarde.

De esa lluvia y no de otra.

La locura se parece a la lluvia.

Es como un sueño.

No es patíbulo ni abismo

si te dejás hipnotizar por sus ojos de árbol, en el naufragio de las cosas.

Cae la locura en los desagües de la mente, en las canaletas oxidadas,

y allí se divide

en mil pequeños ríos

que dibujan la máscara de tu nacimiento.

El rumor de la locura hecho lluvia.

Música de fondo que acompaña las instancias de los espejismos,

y la película inconclusa, y la llama del fósforo,

y la cama deshecha, y la copa rota,

y el rumor lejano de los tangos perdidos

que silbaba mi padre junto con los grillos y las ranas,

en un patio nocturno donde el silencio abría su tajo fabuloso.

Música de fondo, la locura.

Música-mujer. Pescadito invisible.

Llaga que no sangra.

Se deja caer, la locura, con la lluvia,

eternamente.

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Gracias Carlos por tu aporte a la Lupa Cultural.

ALFREDO LEGNAZZI

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Una Respuesta a Entrevistas: Carlos Cuccaro, “Los árboles del abismo”

  1. Jorge Sombra dijo:

    Es verdad Carlos; la locura se parece a la lluvia. Me encantó tu poema, pero más me alegró que hayas leído a Élido Ubaldo Di Serio, poeta, narrador y ensayista sanmartinense.

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