Entrevistas: Ricardo Vélez, escritor, veterano de Malvinas

Conocí a Ricardo hace algunos años, en instancias de la presentación de “El Manuscrito” en Córdoba. José Oviedo, editor de Quo Vadis nos presentó y tuve esa sensación de estar hablando con alguien que conocía de antes. Quizá porque somos de la misma generación, ya que Ricardo nació en 1962, pero la gran diferencia es que a él le tocó combatir en Malvinas en 1982. A veces el azar interviene y puede determinar el destino de la personas. En este caso, un número de sorteo, aquel que imponía hacer o no el servicio militar, determinó esa suerte final, sin pensar que justamente la clase ’62 sería protagonista de  un conflicto bélico.

Ricardo lleva con orgullo su condición de veterano, más allá de los padecimientos que ha vivido, no sólo por haber combatido, sino por el olvido posterior y la desidia a la cual fueron sometidos muchos de “los chicos de la guerra”.

Cuando hablaba con él en aquel encuentro en 2012, no dejaba de pensar que el nº 119 (sorteo efectuado en mayo de 1980) hizo que mi condición y mi visión de la vida fuera diferente y esa mirada me inspira un profundo respeto hacia esos muchachos que defendieron nuestra patria, más allá del contexto político en  que vivíamos, el del gobierno militar.

Sin olvidar ese pasado que lo enorgullece, Ricardo no se ha quedado en el tiempo. Dentro de su evolución como persona y llegando a la madurez, ha incursionado en la literatura, aunque todavía no ha podido publicar su primer libro.

¿Cómo influye en tus poemas tu condición de ex combatiente?

Me baso en lo que viví, es doloroso pero me siento bien. Es como si yo fuera mi propio psicólogo.

¿Tus poemas reflejan el sufrimiento y el dolor de aquellos años?

Sí, pero me acostumbre a vivir con ellos así me mantengo vivo. Por eso cada mañana le pido a Dios que me de fuerzas y que termine no solo mi sufrimiento si no el de todos mis compañeros.

¿Cómo recordás el momento en que te enteraste que tenías que embarcarte rumbo a las islas?

Me sentí bien, sabía que me enfrentaba a algo desconocido pero también sabía los riesgos que corríamos. Cuando me entregaron las armas sentí una seguridad, el estar armado con aquel uniforme color verde me hizo sentir la patria de mi lado y así aprendí a amarla. Más allá del estado de alerta que implica estar en la zona de conflicto.

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¿Cómo era un día en la vida de ustedes?

Me acostumbré al bombardeo, al trasnoche, al frío y estar con mi amigo siempre montado al lado: el fusil. La muerte me acompañaba en todos lados, se hace parte de tu vida y el miedo también rondaba por las noches. Quizás por eso tenía coraje porque sabía lo que era el miedo.

¿Tenían información de lo que estaba ocurriendo realmente?

Primero no entendía nada hasta que cayó la bomba el 1º de mayo -el bombardeo naval- y empezaron las bajas y el lenguaje argentino haciéndonos entender que había un arreglo, pero era todo lo contrario, todo acababa de comenzar.

¿Cómo viviste los días finales, cuando te enteraste de la rendición?

Fuimos los últimos en retirarnos, nunca nos rendimos, tampoco entregamos las armas. Hubo un cese de fuego y el comandante ordenó retirar los heridos, pero la guerra siguió hasta que ordenaron que nos replegáramos porque nos estaban matando a todos.

¿Cómo fue tu reinserción en la vida cotidiana después de semejante experiencia?

Venir a la vida civil no fue nada fácil, extrañaba a mis amigos y aquel batallón 5, los compañeros que perdí y aquel bendito suelo de Malvinas Argentinas. Cuando llegué a mi casa todo el mundo pensaba que me habían matado, el llanto y la alegría, la emoción pero a la vez estaba triste: ya no era el mismo era otra persona la que había vuelto.

¿Creés que la sociedad reaccionó en forma justa con ustedes o sentiste indiferencia?

Si, sentí la indiferencia social, me miraban como sapo de otro pozo, pensaban que estaba loco y yo estaba a la defensiva de lo que la gente hablaba. Aún me duelen los 10 años de abandono. Todavía espero un trabajo y una casa que prometieron, pero así es la política, pura promesas. Aprendí a ser independiente y a no esperar de la política estafadora e hipócrita. A 33 años de la guerra me pisotearon como quisieron,  pero yo sigo siendo un Veterano de Guerra.

Como ex combatiente, ¿Cuáles son tus reclamos o pedidos a los gobiernos de turno?

Y a esta altura me gustaría  volver a ir a Malvinas. Cerraría un capítulo.

A la distancia, después de haber transcurrido tanto tiempo, con la visión de un adulto que sos ahora, ¿Cuál fue tu aprendizaje?

Soy un hombre de bien, trabajé toda mi vida, desde chico fui muy humilde, pasé muchas necesidades. Me golpeé en la vida de muchas maneras, recibí cachetazos de la sociedad en la que vivimos pero sigo de pie porque soy del siglo pasado.

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Siguiendo con la parte literaria ¿Cómo surgió en vos la necesidad de escribir?

De ver tantos canallas que lo único que hacían es estafar con palabras el 2 de Abril y ver mis amigos pisoteados por la sociedad en la cual vivimos.

¿Querés transmitir algún mensaje en particular?

Si, que vuelva el servicio militar así nuestros hijos tendrán un mañana mejor.

¿Escribirías un libro contando tu historia?

Si, estoy en eso. Los 10 años de abandono.

¿Nos querés compartir un poema de tu autoría?

YO SOY LA VOZ

Yo soy la voz de aquellos que tienen sembrado el terror y lo guardan en silencio por el temor del qué dirán.

Yo soy la voz de aquellos que bajaron de los aviones, trenes y colectivos y no recibieron ni siquiera un triste abrazo.

Yo soy la voz de los que quedaron en una silla de ruedas, sin brazos ni piernas y miran al cielo los tristes recuerdos de Malvinas.

Yo soy la voz de aquel compañero que perdí o de aquellos que en una cruz tienen el nombre que los identifican hijos de Dios.

Yo soy la voz de aquel amigo que dijo sus últimas palabras pero solo quedaban en el silencio de mi consciencia eternamente.

Yo soy la voz de aquellos que fueron muertos a balazos y en el suelo me dijeron, nos vemos en la otra vida.

Pero Dios es tan grande que vive entre nosotros.

Este poema va dedicado a la memoria de los compañeros caídos en Malvinas y a sus padres, abuelos y hermanos. Quiero que sepan que ese dolor que te pincha en las entrañas como cuchillo filoso, ese dolor también es mi dolor.

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Por si no lo sabían o no lo había nombrado antes, Ricardo es la persona que en la tapa de El Manuscrito personifica a Bruno Chamoreax. Por lo cual nos une no solamente ser de la misma generación, sino que él es protagonista del lanzamiento de mi primer libro.

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Gracias Ricardo por tus respuestas tan emotivas.

 

ALFREDO LEGNAZZI

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