Entrevistas: Hugo Asencio: “La libertad nunca es demasiado” Un cosmos poético porteño, atravesado por Suiza y New York.

Dibujo

Hugo, el mismo, ayer y hoy, en el recuerdo de muchas de las mujeres que devoraban las fotonovelas

Ni siquiera las aves anhelaban tocar el suelo, preferían seguir rayando la punta del viento; ahí, donde nacen las luces del habla. Sin embargo, en esa ceremonia donde el calor se adhiere a las ficciones de la sustancia, tres personas insisten en celebrar el encuentro con la palabra; insisten, aun cuando las sombras de lo real duermen en nidos de asfalto y rascacielos de juguete. La sonrisa infante de Hugo Asencio lo contemplaba todo.

Hugo es actor, director teatral escritor y poeta de reconocida trayectoria; conocido por participar en programas muy exitosos de la televisión argentina como Estrellita, esa pobre campesina (1968), Dos para una mentira (1986),) Alta comedia (1991), Ricos y Famosos (1998) En teatro,  protagonizó: “El Misántropo “de Moliere, “Proceso interior” de Rodolfo Ledo, “Sólo pueden los casados” de Toto Masselli, “Mi adorable Tina” de Carlos Lozano Dana, “El Visitante nocturno” de Alberto Alejandro, “Polo y Bebe” de Alberto Alejandro, y “Juana La Loca” de Carmen Zapata con el Grupo de Teatro Bilingüe de California. También participó en: Ciega a Citas, Casi ángeles, Los Exitosos Pells , Vidas Robadas, Todos contra Juan , Amas de casa desesperadas (Colombia) 2008/2009, Epitafios, Viernes de Pacheco, La Familia Falcón, Mi dulce enamorada, Los Campanelli, Estación Retiro, Teatro de Irma Roy, Alguien como usted, Cacho de la esquina, Espectaculares de Canal 13, Las 24 Horas, Brigada Cola, Alguien por quién vivir, La Viuda blanca, Quiero morir mañana, Déjate querer, Más allá del horizonte, entre muchos otros. En películas como “Grey Wolf “ (Inglesa), “Villa Cariño está que arde”, “El Profesor Patagónico”, “Mi Amigo Luis”, “Embrujo de amor” ,“No hay que aflojarle a la vida”. “Memorias de una princesa rusa”. Dirigió “La Fiaca” de Ricardo Talesnik. Como autor teatral y director: “El Hombre del Tablón”, “Remanente Sur”, “Argentina es nuestro show”, “Tango Existencial”, “La Vida del Día”…10906184_766399170063982_2789612234771839543_n

Muy pronto se viene el estreno de “Los Hambrientos” con Candelaría Lua y Mono Relokero, bajo la dirección de Jimena Gonzáles. Y está preparando como director, su última obra “Enseñame Buenos Aires”, con Ágata Fornasa, Sandra Uriarte, y la asistencia de dirección de Marian Rossi. Como Guionista de TV: (Entre muchos otros) Monólogos del Payaso – Marcos Zucker – Canal 7, La Viuda Blanca – Canal 9 – El Infiel – Canal 13 – Prima Donna – Producción Ítalo-Argentina Raúl Lecuona, El Lobo – Canal 9 –   Cerrando Cuentas – Alta Comedia – Canal 9 (En colaboración con Gabriel Daneri)., El Salvaje, Canal 11.

DSC05345Estudió actuación en el Instituto de Arte Moderno con Marcelo Lavalle y en el Taller de Actuación The Bilingual Foundation of Art’s con Carmen Zapata, California, EE.UU. Allá por los años sesenta en las fotonovelas argentinas que colmaban de romanticismo las mentes femeninas, contaba con apenas dieciséis años, y ya se plasmaba como un excelente actor que intervendría en, por ejemplo, Estrellita, esa pobre campesina, aquella versión de Canal 13 en blanco y negro que protagonizaron Marta González y Germán Krauss.

Y sobre este primer trabajo, Hugo recuerda: “Un productor de Canal 13 recorrió varias escuelas de teatro buscando un joven actor de 16 años para el personaje de Freddy y fui elegido luego de que me vieran en unas escenas a público. Firmé mi primer contrato por seis meses al día siguiente a las 13 hs. No lo podía creer. Aún trabajaba ayudando a mi viejo que era Resero en los Mataderos. Mi primer compañero de trabajo fue el generoso e inolvidable Alfonzo De Grazia que una vez en el set de filmación me aconsejó cómo manejarme con las cámaras y me explicó acerca de algunos códigos de actuación en televisión. Era 1968, y con Poncho De Grazia nos volvimos a encontrar 30 años después, en 1998 trabajando en “Ricos y Famosos”.

SILVIA: ¿Cuándo comenzaste a estudiar teatro?

En 1966. Abandoné la secundaria para estudiar actuación. Ya sabía que no quería ser otra cosa que actor y poeta. El tema era decírselo a mi papá. Soñar con ser actor, en Mataderos, con un padre y tíos reseros, dos hermanos mayores que me miraban extrañados y otros tíos laburando en los frigoríficos, no era fácil. Era una ocurrencia al menos extraña dentro de mi familia. Mi mamá me dijo que hablara con mi papá. Una tarde lo esperé en el patio de casa y se lo dije directamente: “Papá, yo no quiero ser abogado ni doctor… quiero actuar y escribir poesías.” Mi viejo siempre respondía primero con sus silencios y con su mirada, luego con la palabra. A mí me fascinaban sus pausas durante la reflexión. Y me dijo… “Si querés ser actor, andá, estudiá y hacé lo que te gusta. Me hubiera hecho feliz que fueras Resero como yo, pero no voy a obligarte a hacer nada que no quieras.”. Tras cartón, mi viejo me compró un caballo a mis 12 años y me llevó a trabajar con él hasta que cumplí 18. Nos levantábamos a las tres de la mañana y arreábamos ganado hasta la una de la tarde. A eso de las 18 hs, me tomaba el colectivo 155 y me iba a estudiar teatro hasta Viamonte y Florida. Había dos cursos, principiantes y avanzados, yo entré en el primero y pedí permiso para cursar el segundo como oyente. En los corrales a veces tenía que pasar después del mediodía a darles de comer a las vacas que habían quedado sin vender y a lavar los caballos, el de mi viejo y el mío.. Ese era mi trabajo. Y mi papá me pagaba bastante bien.

SILVIA: ¿Ante tu decisión de estudiar teatro, hubo alguna reacción inesperada?

Al principio no entendían mucho pero poco a poco se fueron acostumbrando, tanto mi familia como mis amigos del barrio. Era 1966 otro mundo. A veces, cuando iba al Bar Oviedo con mis amigos me cargaban un poco porque leía a Stanislavky o andaba con un libro de poesías, pero siempre me apoyaron y me ayudaron mucho. Siempre intuí que nuestra generación estaba destinada a hacer grandes cambios sociales y culturales. La personas mayores de aquella época se resistían con lo nuevo. Mis hermanos (10 años mayores) me hacían bromas “Este es un vago, no quiere laburar. ¡Qué va a hacer actor y poeta!” Creo que por eso mi viejo me llevó a trabajar para demostrarles que podía hacer las dos cosas.

CÉSAR: ¿Tenías un modelo actoral o fuiste tomando ese modelo más tarde?

Todos queríamos ser Afredo Alcón, que era como ser Gardel o Maradona. Una noche, mi hermano Orlando me metió de “contrabando” a ver ISRAFEL de Abelardo Castillo (se suponía que yo no podía entrar porque era menor.) También tomé como modelos a mis propios compañeros, como Hugo Arana, Claudio Levrino (estaban más avanzados).. Veía y admiraba todo lo que los otros compañeros de estudios hacían, un grupo donde también se destacaban Enrique Otranto y Jesús Berenguer. Los sábados, ensayábamos las escenas a público que presentaríamos a fin de año, y los domingos nos juntábamos un grupo para limpiar el teatro. Ahí comenzó el amor al teatro. Un amor obsesivo, fascinante, mágico, comprometido. Cambié de un mundo a otro. Por las mañanas era un boyero de los corrales y por las noches un estudiante de teatro. La literatura teatral me cambio la vida, me abrió mucho la cabeza, me llenó de magia, de sueños. Empecé a ver el mundo de otra manera. El Arte en general nos para en otro lugar para enfrentar la vida. El artista vive permanentemente con sus emociones a flor de piel, mientras el hombre común ejercita, generalmente, como esconder esos sentimientos. Descubrí que en los libros hay mucha sabiduría, uno se nutre de muchas cosas inesperadas.

SILVIA: Últimamente tuviste el gusto de trabajar con Hugo Arana en los Pells.

Sí, Hugo es un gran compañero y gran actor. Lo admiro y lo quiero mucho.

SILVIA: ¿Cómo es tu relación con la Asociación Argentina de Actores?

Muy estrecha. Son muchos años que soy socio y siento un gran respeto por todos los compañeros que llevan adelante la lucha gremial y sindical. Colaboré en Actores en la época en que estaba Onofre Lovero como Presidente, Inda Ledesma como Secretaria de Cultura. Norberto Gonzalo en Gremiales. Es un gremio muy solidario y conducido por nuestros propios compañeros, así como nuestra Obra Social. La lucha de Actores en beneficio de nuestros salarios en televisión,  cine, publicidad, teatro; protección legal ante cualquier conflicto. Necesitamos esta lucha y es fundamental para nuestra profesión.

SILVIA: Es más que claro, que Hugo sufrió aquellas épocas de dictadura y las recuerda mucho. El abuso de la prepotencia. Todo lo relacionado con aquella época lo pone mal, pero quiere que sea recordado para que no vuelva a repetirse. Hemos conversado mucho sobre eso, y la frase repetida es “Mantener la memoria”. Asesinatos como el de Lorca en la España franquista o Rodolfo Walsh en la dictadura asesina de la Junta Militar del 76 lo marcaron mucho. Las persecuciones de Neruda, Mario Benedetti y Miguel Hernández, entre otros de sus admirados poetas. Hugo expresa que el poeta funciona como un despertador. Menciona  la película Quebracho, que debería darse en las escuelas por su contenido revelador y didáctico. Y habrá otras menciones sobre épocas donde el pueblo siempre fue “sometido a una esclavitud organizada” con gobiernos neoliberales o dictaduras que generan desocupación para tener obra de mano barata y auspician el hambre, la miseria y la humillación del pueblo. Hugo acierta cuando dice que nadie tiene derecho a repartirse la tierra y los frutos de la naturaleza, que nos pertenecen a todos por igual. Y da como ejemplo el “regalo” de 2.500,000 de hectáreas a uno de los primeros Martínez de Hoz, creador de la sociedad rural argentina, por el genocida Julio Argentino Roca, “beneficiándolo” por la “colaboración  con caballos y municiones” para la matanza de los hombres de los pueblos originarios, mientras se “quedaban y se repartían” a sus mujeres y sus niños para tomarlos como esclavos de la incipiente oligarquía terrateniente que tanto daño le ha hecho al pueblo y a la patria en toda su historia. Menciona a ciertos “próceres” que no lo son tanto, que le han hecho mucho daño a la patria. Se nota que la política es una pasión para él, y lo demuestra. Nosotros continuamos hablando sobre su libro de poemas “A mi generación”, publicado por Tahiel Ediciones en el año 2014, y que será presentado nuevamente este año en la Feria del libro de Buenos Aires. Y donde Hugo estará firmando ejemplares el sábado 25 de abril de las 15 a las 20 hs.DSC05348

CÉSAR: Lo que veo es que para mantener la memoria, el poeta, en sí, sigue conservando ese rasgo de niño, y en tu caso hay una infancia contrastada con una infancia actual, donde el mundo le da más valor al objeto material que a los sentimientos. ¿Cómo ves la situación de la infancia en nuestro país? en el sentido de si hay mejoras en la mirada sobre ello.

No soy sociólogo, aunque te agradezco tu confianza en que yo pueda responder esa pregunta. Creo que mi visión es la imagen que cada uno tuvo en su casa. Sé qué valores tienen mis hijos porque (sin haber sido el mejor padre del mundo, fui el que pude) les trasladé los mismos valores que venían de mi mamá y mi papá, solidaridad, respeto, amor, comprensión, tolerancia. No abusarse de nadie ni ser ventajero, traidor, mentiroso, dañino. Muchos hablan del abuso deshonesto, como si existiera el abuso honesto. No atarse a cosas materiales. Nosotros no las teníamos, así que tampoco las soñábamos. Mi infancia se desarrolló en un  ámbito de pensamiento, más aún en política. Mamá era una mujer muy callada, sufrida y dulce que disfrutaba mucho de la música. Mi abuelo materno, Domingo Ferrari, inmigrante italiano de Piamonte, había formado una orquesta familiar con sus diez hijos y tocaban todos los domingos después del almuerzo. Mi abuelo paterno, Victoriano Pedro Asencio, descendiente de Moros, era de profesión “despanzador” en los viejos corrales de Mataderos Mi papá hablaba de cosas emocionales, temas existenciales, le gustaba filosofar sobre la vida y nunca nos inculcó frivolidades ni dependencias consumistas. Ese era mi papá. Éramos muy humildes y llegué a ver a mi madre cocinando a carbón, porque no teníamos gas natural. Cuando apareció en casa la heladera Siam 90, venía corriendo del colegio y la abría sólo para ver la luz, porque estaba vacía, solo una botella de leche adentro. La fascinación era ver la luz dentro de la heladera. Fue una infancia con pocos juguetes, sin navidades ni reyes magos, habíamos sido advertidos de ciertas fantasías. Mis padres descreían de la religión. Yo creo en Jesús, hombre y revolucionario. Tampoco me gustan las iglesias ni los representantes de “dioses” que especulan con el dolor de la humanidad, dolor que ellos mismos ayudaron a crear durante siglos de matanzas y hambrunas, mientras absolvían genocidas. Aunque el Papa Francisco me está sorprendiendo muchísimo y para bien. También me parece un despropósito obsceno “el Vaticano”, que seguramente Jesús combatiría personalmente.

Seguimos con el tema de la Iglesia, de los zoológicos que no deberían existir, de la gente de la calle, de la producción y distribución de alimentos para los más necesitados.. Cuenta que no le gusta estar lejos de su casa ni de su barrio mucho tiempo. Extraña. Es fanático de Buenos Aires. Mataderos y Nueva Chicago. “Si me sacás mucho tiempo de Buenos Aires, me siento mal” – dice.

 Si bien ha estado viviendo en Estados Unidos bajo circunstancias especiales, recuerda haberse cruzado en la calle con grandes como Meryl Streep que no conseguía taxi y Al Pacino con la bolsa de lavandería caminando delante suyo. Nunca logró adaptarse a ningún país extranjero y sufrió mucho el desarraigo. Ama Buenos Aires.

SILVIA: ¿Cuándo comenzaste a escribir poesía?

A  los doce años empecé a acompañar a mi papá al matadero, tenía un cuaderno y un lápiz debajo del recado del caballo y cuando estaba sin hacer nada, escribía. Cuando íbamos a los muelles a buscar el ganado, a veces esperábamos una hora o más y ahí le daba a mis primeros poemas contradictorios y feos. Me impactó mucho una película donde Esteban Serrador hizo la vida de Bécquer  y en esa época tenía un amigo, cuyos padres tenían mucho dinero, y para mi cumpleaños me preguntaron que quería, y le pedí ese libro de Bécquer que había visto en la vidriera de la “librería de Carlitos”. Empecé a enamorarme de la poesía. Pedía libros a amigos, en casa había pocos libros. Leía en las bibliotecas populares. También me cruzaba cada tanto a la peluquería de San Blas y me devoraba los diarios y revistas que encontraba y estaba obligado a releer porque casi siempre eran las mismas. Me eduqué de esa manera, a los ponchazos, me hice autodidacta. Me hice como pude, hasta que empecé a comprar mis libros y esa época está relacionada con mi ingreso a la escuela de teatro. Siendo chico, nunca me gustaron las historias para chicos, ni los dibujos animados. Me gustaban El gordo y el Flaco, Sandrini, José Marrone, Pepe Biondi, Chaplin, Cantinflas. Pero la poesía lo superaba  todo. Mi viejo me enseñó a disfrutar de las poesías de los maestros Discépolo, Manzi, Espósito, Cátulo Castillo, el Martín Fierro. En teatro veíamos a Abelardo Castillo, Eichelbaum, Vacarezza, Gorostiza, Dragún, Sergio De Cecco, Oscar Viale,, Sartre, Miller, Tennesse Williams, Edward Albee, Tito Cossa, Agustín Cuzzani. Y por ahí aparecieron García Márquez, Borges, Cortázar, Whitman, Buckovsky, Maiakovich…  También me gustan mucho los cuentos. SILVIA: Al autor le gusta que le digan lo que opinan acerca de su obra. ¿Estás de acuerdo en premiar a alguien cuando ya no está? HUGO: Sería mejor si lo hicieran en vida, ¿no? Aunque algunos reconocimientos llegan tarde y en esto hay algo injusto. Tal vez tenga que ver que estamos mucho más entrenados para descalificar que para admirar, ¿no? La vida mejora a las personas. La muerte no. En este caso, el actor de teatro tiene el impacto directo y la devolución inmediata del público que lo celebra con sus aplausos. Los escritores, a veces escribimos durante muchos años para guardarlas en cajones y recién cuando estas obras salen a la luz y comienzan a tener contacto con sus lectores o sus espectadores en los casos de los dramaturgos, comenzamos a tener una devolución, muchas veces tardía y lejana de la propia creación, ¿no? Yo, por ejemplo, nunca gané ningún premio ni como actor ni como escritor, y creo que se debe a mi perfil bajo, a mi poca relación con los “premiadores”, o a mi falta de talento para que se me prestigie formalmente. Sí he recibido halagos de muchos de mis lectores y de espectadores de mis obras y eso es todo un premio para mí.

CDSC05351ÉSAR: Te veo como un artista militante pero comprometido. Con una visión profunda sobre la realidad que no se queda en las palabras, el discurso, la retórica, sino que busca que se transforme aún más la realidad, pero en ese contexto, ¿Qué diferencias encontrás hoy con el artista comprometido y el que había cuando comenzaste?

Yo siempre fui hombre comprometido, siempre fui un militante con todo lo que hice, en mi propia vida. Vengo de una familia pobrísima en términos económicos, me crié en un barrio humilde de gente trabajadora y siempre pertenecí a la clase de “los más necesitados”, ahí seguramente nació mi ideología, mi pertenencia que jamás voy a negar; a partir de ahí, de la lucha de mi papá para mantener su trabajo y darnos de comer todos los días, además de enseñarnos el respeto por el único plato de comida, una lucha permanente y delicada. Mi viejo, siempre decía: “No hay que comerse la comida de los demás.” Y era toda una definición política. Ahí comencé a mamar la justicia social. En casa se hablaba mucho de política, con papá y sus hermanos se armaban unas sobremesas muy didácticas en sus discusiones apasionadas entre peronistas radicales, socialistas, anarquistas . Me crié con todo eso. Mis tíos, Julio Y Francisco Asencio discutían mucho con papá en aquellas jornadas memorables donde yo le pedía a mi mamá faltar al colegio porque no quería perderme nada de esos encuentros. Esas discusiones,  podían terminar a los gritos a los que los llevaba la  misma pasión por cambiar el mundo con sus convicciones. Sabían mucho de política y siempre estaban del lado del pueblo. Nuestra familia vivió históricamente muchas necesidades y aquello nunca fue una vergüenza porque se convirtió en lucha y en militancia. A ellos les había tocado una Argentina muy dura de gobiernos conservadores, una Argentina de ‘ricos y pobres’, una Argentina muy poco solidaria, represiva y explotadora, hasta que llegaron Juan Perón y Evita y trajeron la Justicia Social, el trabajo, el bienestar para trabajadores, mujeres y niños, una mejor distribución de los ingresos, la creación de la clase media. Inmediatamente armé mi perfil político y me enamoré de Evita y Perón, como ahora lo estoy de Néstor y de Cristina. Hay un hilo conductor entre ellos cuatro. Sólo estos dos gobiernos, en toda la historia, han hecho “los números con la gente adentro”. Entre Juan Perón y Néstor Kirchner, hubo varias décadas que me tuvieron como opositor, excepto la esperanza que nos trajeron Héctor Cámpora y Raúl Alfonsín en su momento.

La charla política fue sumamente interesante y nos contó acerca de su interés por las necesidades de los otros. Él vivió en el sur de la historia, Mataderos era un pueblo, un pedazo de campo metido en un barrio. Gente de a caballo, gauchos urbanos, jornadas de guitarreadas, asados y vino tinto, definieron su perfil político (aclara que sin hacer política) sólo militando con su propia vida y desde su profesión. Muchos de sus compañeros y amigos desaparecieron sólo por soñar y luchar por un país mejor, por un mundo más justo.

CÉSAR: ¿Tu escritura deja en evidencia las fallas de un sistema actual, o tenés otra mirada?

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Nosotros por el hecho de haber estado en la retaguardia y haber sobrevivido tenemos el compromiso de guardar la memoria. En plena juventud nos desaparecieron casi a la mitad de nuestra generación, nos partieron al medio. Nuestro compromiso con ellos es mantener la memoria y continuar la lucha, la revolución pacífica que interrumpió el terrorismo de estado junto con el gobierno de facto, cívico-militar-eclesiástico. Hay que trasladar la memoria de generación en generación para que no vuelva a ocurrir.

CÉSAR: Tu obra “Remanente Sur” estuvo en el Fray Mocho

Si, con Rubén Maravini, un gran actor que conozco de muy jovencito y a quien quiero muchísimo y que ha regresado a los escenarios con una obra mía, y estoy muy orgulloso de esto, (Maravini ha tenido un fuerte accidente automovilístico y se recuperó con mucha voluntad de espíritu y con el amor de su familia) y Pablo Palacio, un excelente actor y ahora también amigo. Este año volveremos a hacer una función en un teatro de Lugano, y proyectamos hacer  cuatro funciones más en algún teatro del centro. Anduvimos por la ciudad de Lincoln haciendo funciones con mucho éxito de público. La gente se emociona mucho con estas funciones y se muestra muy agradecida con el trabajo de los actores. La recuperación de Rubén fue excelente, gracias a su fuerza de voluntad. Es un milagro lo que él hizo y volver a verlo actuar así, es maravilloso. El mensaje tiene que ver con la resiliencia, la fuerza interior para reponerse a las adversidades. Los dos actores lograron hacer un trabajo excelente, que supera mi obra. Mis obras son borradores a la espera de la creación del actor.

CÉSAR: Cuan importante es el grupo de trabajo en eso… ¿Qué valor le das vos al grupo de trabajo?

Es todo, cuando tenés un elenco y uno solo del elenco no armoniza con el resto, tenemos un problema. No necesariamente hay que ser amigos, pero sí encontrar armonía de trabajo y jugar ese juego que es el teatro.

CÉSAR: En cuanto a la poesía, cuando tenían reuniones con tus compañeros poetas, decías que había que mantener la memoria.

Si, mantenerla viva, contarle a nuestros hijos, a nuestro amigos, a nuestros nietos. Contar como se vivía en aquellas épocas. El sólo pensar que tener el pelo largo era un motivo para que te lleven preso, para convertirte en “subversivo”, cuando en realidad “subversivos son quienes subvierten un gobierno democrático y lo toman por la fuerza” y eso fue lo que hizo la Junta Militar genocida de 1976. Nosotros éramos criaturas que soñábamos con un país libre, con más igualdad.

Algunas preguntas finales: Autor de teatro favorito: Roberto (Tito) Cossa (a quien conocí hace poco en el teatro La Máscara), Gorostiza, Abelardo Castillo, Guillermo Farisco, Dario Bonheur, Mauricio Kartún,  entre muchos otros. Autores de literatura: Bécquer, Abelardo Castillo, Mario Benedetti, Neruda, Cortázar, Borges, Paco Urondo, Alejandra Pizarnik, Miguel Hernández, Silvina Ocampo y muchos más. Un libro: Cien años de soledad, La invención de Morel, El Lobo estepario, Los poemas de Borges. Muchos de sus cuentos. Olivero Girondo y su poesía. Roberto Alrt, que es increíble. Mujica Láinez, un poco olvidado. Un lugar en el mundo: Buenos Aires, Mataderos y la calle Corrientes. Un sueño a realizar: ir a Piamonte, al pueblo donde nació mi abuelo. A Andalucía de donde proviene mi otro abuelo, pero no creo… porque para eso tendría que irme de Buenos Aires. (Se ríe) Había mucho flamenco en casa. Los Asencio somos Moros, de las Islas Canarias, morochos de ojos claros que fueron a Andalucía 500 años, nómades, por eso debo ser tan desinteresado. No me imagino haber nacido en lugar que no fuera Argentina, Buenos Aires, Mataderos.. MANHATTAN PORTEÑO de Hugo Asencio.- A mis veintitrés años, yo caminaba por Manhattan haciendo equilibrio entre la humedad y la nieve estallaba mil novecientos setenta y seis, dictaduras asesinas por doquier bolsas de arpillera tiempos de plomo e intolerancia vuelos rasantes del cóndor sobre Latinoamérica inocente ciudadanos temblorosos de espanto secuestrados torturados desaparecidos en un Buenos Aires negro de fajina armado hasta los dientes contra sus propios hermanos y una Argentina corrupta abandónica y estratégicamente genocida este asunto inmoral de ser un porteño refugiado entre el río Hudson y el Central Park de las ardillas. Yo era un exiliado en mí mismo y un refugiado idealista que teorizaba románticamente con la igualdad humana y lloraba a la distancia por mis paisajes y mi gente, y hacía de la estatua de La Libertad mi otro Obelisco y cruzaba la Six Avenue a la altura de la West Four emocionándome con los tangos de la Tana Rinaldi cuando Elvis Presley decidió su inmortalidad de agosto y Al Pacino recorría el Village con su bolsa del laundry y Woody Allen devoraba porciones de pizza en Mac Dougal St. Entonces yo era un entristecido violento de injusticias ciudadano del horror, del hambre, de las persecuciones expulsado de su historia personal y del ámbito familiar desposeído de sus aromas y de las caricias de sus raíces sólo por intentar pensar mejor sobre el prójimo y su dignidad .Fue cuando a los argentinos nos pusieron de luto y de duelo porque a Bonavena le agujerearon el pecho en Reno hoy treinta años después triste Manhattan Porteño desde mi Buenos Aires New Yorker te cambio un tango por un blues . Vos traé a Sinatra y a Whitman que yo traigo a Discépolo y a Gardel. Y convengamos en que la vida la vida sí toda la vida.

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POETA CON TÍTULO DE POETA

de Hugo Asencio.-

La melancolía difusa / entrañable
y lejana que mi memoria reclama

tuve hambre y tuve amor

las calles desprolijas del barrio umbilical
con su boulevard su luna y su charco

y en la mesa de un bar Oviedo / el universo
de papel y tinta / y una piba en la ventana

una piba en un zaguán y un pibe en el umbral
anticipándose al amor y a las despedidas

la pobreza nunca pudo superar a la imaginación
ni siquiera subrayar angustia ante lo innecesario

tuve hambre y tuve amor

hubo lluvias / roces y miradas
inéditos aromas / palabras tormentosas
y miedos / muchos miedos

el barrio silencioso era la patria
la vida artesanal / las emociones a estrenar

nuestros padres en sus sonrisas inmortales
contemplando nuestra existencia
y nosotros esperando por la vida

hubo música / lágrimas y brisas
parecidas a la muerte /

amores desencontrados
y amores competitivos
que nos llevaron al desencanto

la mirada verde de mi padre siempre fue un alivio
la mirada silenciosa de mi madre siempre fue un alivio

en la esquina de La Esperanza
habia puertas secretas / pasadisos
directos al universo

en esa esquina intuímos el amor y la destrucción /
el pánico a hacernos hombres
y nuestra soledad en el cosmos

nuestra fragilidad

yo sentía escalofríos que eran poesías
y me hice ladrón de tinta y de ensueños
habitante de hojas / servilletas y cortezas

primero busqué en tus ojos
la metáfora de una melancolía

y descubrí /
ya sin zaguán / sin umbrales y sin vos
que el hambre es inolvidable como el amor

y que yo siempre quise ser poeta

Cerramos la nota con la frases de Hugo:
“El arte me ha modificado, lo importante es educar, que se guarde la memoria y se transmita.”
“Al escritor lo prestigian los lectores”.

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¡Gracias Hugo!
Silvia M Vázquez /Ces Le Mhyte (escritor, colaborador para este número de La lupa)

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