Entrevistas: Fernando Gabriel Vaschetto “Fuego Vivo”

Fernando Gabriel Vaschetto es un escritor Rosarino, nacido en 1961.

Escribe desde pequeño pero no hace tanto que ha decidido mostrar al público lector la belleza de sus escritos.

Ha publicado dos libros de poemas, Fuego Vivo es el más reciente, presentado en estos días, el 25 de agosto y “De vida Inicial” del año 2013.

Además  es guionista de historietas, actividad por la que ha sido premiado en el año 1987 y músico.

Ha participado en varios poemarios: Poetas y narradores contemporáneos (2011), Letras sobre papel (2012), Nuestra literatura argentina (2012).

En agosto visita nuestra página.

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¿Crees que el fuego tiene vida propia?

Lo que expreso en el libro al respecto es un giro poético, pero no deja de tener implicancias lógicas. La idea me la sugirió una película sobre bomberos (“Llamarada”), en una escena uno de ellos explica que el fuego es una especie de “Bestia”, y que conociendo sus hábitos y apetencias se lo puede combatir saliendo airoso. Claro que yo hago alusión a ese fuego inmemorial que calienta la cabeza del ser humano y que late en su pecho, y que le hizo levantar la vista y mirar las estrellas entre las ramas de su triste árbol, para después tomar sus petates y caminar hacia horizontes mejores (quizás presentes solo en su imaginación).

¿Lo reflejas ese pensamiento en tus poemas?

Lo que creo reflejar en todo lo que hago (no está bien que yo lo diga) es la convicción subyacente a esa metáfora del fuego: la necesidad de buscar y reconocer nuestras motivaciones más íntimas, nuestros motores, aquello que nos lleva a sentir satisfacción por la tarea cumplida. Esta búsqueda necesita el empuje de ese fuego interior, fuego vivo al fin porque vivifica. Mientras más certeramente detectemos ese motor interno, más auténticos seremos. En ese sentido mis poemas son auténticos, es decir: no se ocultan tras el ropaje del arte, solo se engalanan.

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El fuego es la pasión, el verano, la juventud, el calor ¿Están presentes en vos y en tus escritos?

Claro que el fuego está asociado a la pasión (es un error darle exclusividad a la juventud en esto), yo hablé antes de búsqueda: sin pasión no prospera, el timorato queda al final de la cola (es un dicho “Yanqui”, pero viene al caso). A veces no asumimos nuestra pasión por temor…

“Si realmente deseas gozar el trueno

a galope tendido sobre los techos

al abrir la boca desmedida

debes dejar tu vida

que es ese el tributo

que los cielos te reclaman.” (PARA MEDIOCRES)

“Vivir solo cuesta vida” según el Indio Solari.

Yendo a tu libro, ¿La temática de los poemas es existencial, llega a los más íntimo del ser, o hace hincapié en la belleza de las palabras?

Un poco de todo. “VERDAD y BELLEZA debe llevar el poema” decía mi querido amigo Horacio C. Rossi. Quien no parte de su intimidad (el famoso fuego del que hablaba) está condenado al fracaso, porque faltará sinceridad. ¿Cuál es el límite?: el vómito. El artista (cualquiera sea su disciplina) puede expresar un malestar, pero no pretender hacer cargo de los demás de sus miserias. Es cuestión de respeto.

El problema actualmente es que la literatura ha pasado por todos los estadios posibles, y eso hace pensar al creador que puede hacer lo que le plazca, y eso lleva muchas veces a lo que dije antes: ocultar un mensaje raquítico en una forma rimbombante que confunda y distraiga al lector/oyente/público/prójimo etc.

Otro límite es la “carne viva”: la exposición del autor siempre debe mantenerlo a salvo. Es la sombra de una mano sobre el papel: quien destruya el papel no lastimará la mano. El hecho artístico es edificante, sanador, positivo. Humano en su raíz y esencia. Lo demás es ruido. A continuación transcribo un ejemplo de profunda intimidad, pero donde no se revela nada que deba lamentarse:

“La cama está deshecha

los alerces han caído

tanto así es el otoño que aquí reina”( OTOÑANDO)

Algo pasó allí: una cama, algo desecho y caído, el otoño (hay tristeza). Es fuertemente vivencial, pero sugerido, velado. Y está la belleza del decir, redondeándolo todo.

“Te besé bajo la encina

el planeta giró sobre su vértice y el sol

ya cerca de su ocaso

se movió hacia el poniente

y yo te di un beso

con un noble árbol por sereno”

Esto yo digo que es “conciencia planetaria” ¿existencial o no?

Tu primer libro se titula “De vida inicial”, ¿Qué significado tiene ese título?

Es un libro de múltiples faceta. “De vida inicial” se llamó mi primera publicación de 16 páginas con el grupo literario “Maynumbí”, cuando tenía cerca de 24 años. Muy inicial por cierto. Al plantearme una antología importante (100 páginas) creí necesario recomenzar donde todo comenzó, como una manera de ir cerrando círculos. De hecho los mismos poemas de aquel cuadernillo original están encabezando el libro, en una demostración de supervivencia (“hacer bien la tarea” diría Horacio). De más está decir que ese poemario (que ahora tengo el placer de reeditar al unísono con “Fuego vivo”) reúne los escritos de mi primera juventud, arrancando en la adolescencia. Es un muestrario de las primeras definiciones del poeta de cara a la vida.

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Más allá de que lleven tu estilo, ¿Ambos libros se parecen?.¿Cual es el espíritu de cada uno?

Tendrían que parecerse, porque son mis hijos. Hay una progresión orgánica en ellos –y dentro de ellos- que los encadena más allá de sus identidades. Es una progresión en  intensidad y profundidad más allá de lo formal. Ambos están constituidos por varios poemarios (“De vida inicial”; “El parte”; “Jornadas del alma” en uno. “Fuego vivo”; “Vida extraña”; “Poemas luminosos” y “Fluyendo en el agua” en el otro) y en ambos casos el último poemario es el más elevado y espiritual, con un lenguaje más onírico o surreal. En ese sentido se parecen por su intención “ascendente” por decirlo así.

De toda maneras el primero es más cándido y simple en su decir e intenciones, mientras que el segundo es más innovador (moderadamente) en el enfoque temático.

Sos un artista polifacético: músico, guionista, escritor, dibujante ¿Qué te ha dado cada arte, cuál es tu cosecha?

Hubo un momento en mis inicios en el cual me sentí preocupado, en ese momento me veía a medio camino de todo. Temía que mis esfuerzos creativos se diluyeran en muchos frentes sin poder plasmar una “obra” significativa. Por suerte, karma o lo que sea, en ese momento tuve el consejo de buenos maestros y amigos. Llegué a la conclusión de que la “obra” se va plasmando día a día, en una especie de proceso alquímico: se busca una Piedra Filosofal que no importa en realidad, es solo la excusa para recorrer un camino de aprendizaje. Mi camino no es lineal ni unidimensional, sino que transita a través de varios niveles expresivos.

En cuanto a lo que me ha dado mi quehacer artístico (en cualquier rama) es placer al crear; autoconocimiento y conocimiento de muchas personas hermosas. Por eso soy un agradecido.

¿Qué devolución tenés del público que te lee?

En mi opinión todavía les falta animarse al ida y vuelta –tan necesario- personalmente vivo el hecho creativo como un compartir, un ritual que se completa con el auditorio, no como una exposición magistral. De todos modos siempre recibo las habituales felicitaciones y halagos de circunstancia. Son muestras de afecto que agradezco.

En algún momento la historieta fue considerada un género menor, inclusive hay muchos escritores que han usado seudónimos para no ser identificados ¿Qué pensás del tema?

La historieta es acción pura, cada cuadrito tiene que ser significativo e ir armando un relato que se redondee en pocas páginas. Es un ejercicio fundamental para el novelista, porque se aprende a visualizar una historia en todo su recorrido. El reto es captar al lector y atraparlo hasta el final. Es parecido al cine. Uno aprende a ser concreto y fortalece el poder de síntesis. Además la relación con el dibujante es muy enriquecedora. (Soy ferviente partidario del entrecruzamiento interdisciplinario).

Es como la antesala del Cine, muchos cineastas deberían primero hacer historietas.

Con respecto a lo mayor o menor del género es una discusión de mediocres. Uno puede ser un genio hasta jugando al fútbol (sino, miralo a Maradona). El termómetro del hecho artístico es la emoción que trasunta.

¿Fusionas la música y tus poemas?

No diría fusionar, es una especie de acompañamiento, un modo de amenizar algo que     –mal hecho- puede llegar a ser un verdadero plomo. El artista sigue siendo un “entretenedor” dentro de la sociedad, pero ojo: mientras nos distrae nos enriquece.

Además la música me acompaña desde muy pequeño (escuchaba los vinilos de sinfonías de mi madre a los siete años, bah, era el único que los escuchaba en casa)

“He de amar ante todo la música

pues la amé

aún antes de saber que música era”

Es una compañía entrañable que me agrada compartir con las demás personas.

¿Le ponés música a tus poemas, o poemas a tu música?

La composición de canciones es un proceso extraño y único en cada autor. Yo tengo compuestas canciones que me gustan, pero no soy cantautor. En mis comienzos hacía letras para las músicas de Marcos Morales, un querido amigo de la secundaria. Él me enseñó los primeros acordes de la guitarra. Mis poemas nacen como poemas y mis canciones como canciones. Lo vivo como procesos distintos.

¿El orden tiene alguna implicancia en la importancia que le das a cada cosa?

El poema nace en los albores de la humanidad como canción (verbigracia la obra de Homero) es por ello que es diferente de una prosa. Allí reside la magia de la poesía: debe ser ritmado y bailable, con cadencia, y la búsqueda de musicalidad define las palabras que usaremos (ver a Rubén Darío). Por eso es tan usual la musicalización de poemas con muy buenos resultados. De todos modos cuando compongo, es como que van surgiendo juntos letra y melodía.

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¿Qué esperás de fuego vivo?

Que viva, que haga su propia historia: yo soy el arco que lanza la flecha, con todas las fuerzas que tengo.

¿Nos compartis un poema que te guste?. Decinos por qué lo elegís, a quien se lo dedicaste y porque lo escribiste.

No se sabe bien a quién está dedicado, responde a la búsqueda de un ideal personal. Lo elegí porque trasunta el misterio de nuestra vida: una búsqueda sin certezas, pero que en el trayecto nos devela otros misterios no avizorados.

Gracias por tus preguntas, me resultó sumamente agradable el responderlas. Abrazos.

PREMA

 Te vi al final de mi camino

y eras clara

te vi al final de una senda estrecha

y supe que no hay muerte en esta vida

sino tristezas y caídas…

 

Te vi allí esperando

clara y pura

en cada extremo de mi senda

y supe que existe un nacimiento

en cada despertar

y nuevamente he nacido

en esta madrugada

en este abrir los ojos

y verte pura y clara

sabiendo que ya nunca he de estar solo

pues aquí estás

y en la eterna soledad

tú me acompañas

Principio y Fin de mi camino

porque eres tú

la Luz que me reclama.

El martes 25 de agosto tuve el privilegio de presenciar la presentación de “Fuego Vivo”, en la Biblioteca nacional.

Fue un recital de poemas, leídos por el propio autor y por la editora y escritora Andrea Armesto, y de las canciones interpretadas por  Fernando.

Aprovecho para comentar que su estilo musical lo siento muy cerca a la de trovadores cubanos como Silvio Rodriguez y Carlos Varela, por su forma de tocar la guitarra, y su voz, con un sello personal, pero muy cerca de la trova rosarina de los años ’80.

Fue una noche ventosa, intimista con ese disfrute que tiene sentir el arte, tanto la música como los poemas.

Gracias Fernando por haberme invitado y por tu participación en La Lupa Cultural.

Alfredo Legnazzi

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