Entrevistas: Ana Liria Gastelú, “Épica”

Conocí a Ana hace cerca de un año, en casa de Silvia, primero en carácter de lectora —leyó El manuscrito y me hizo una devolución muy generosa— y, luego, en su faceta de escritora.

Si bien su libro Épica es una obra, desde mi punto de vista, poco convencional, en la que desnuda muchos aspectos de su vida, partiendo de un drama personal (un asalto y sus consecuencias) que le tocó vivir, ello no impide que haya podido apreciarlo desde su riqueza literaria, desde su lenguaje ingenioso, por momentos divertido e irónico, dentro del contexto en que se desarrolla la historia.

Relatado en primera persona, con un tono intimista, Ana le habla al lector, le cuenta su historia, lo pone en autos y eleva su voz en contra de la injusticia, de la sordera de las autoridades. Muestra, en la forma más cruda y pasional, el deseo de salir adelante, de que se haga justicia y de que nada de lo que le ocurrió se diluya y quede impune.

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Ana nos cuenta sobre Épica.

¿Por qué titulaste tu libro “Épica”?

Porque justo antes de titularlo “Tres abrazos”, sentí que la historia relatada merecía un nombre menos emotivo, menos “romántico”, para decirlo de alguna manera. Y que, además, era necesario que, desde la tapa misma, se supiera que el relato era real. Cuando decimos “épica”, creo que todos pensamos en aquellas novelas épicas que narran hechos históricos. Bien, esta Épica narra hechos situados en un tiempo, una época de la Argentina. La historia está situada en espacios que están especificados y con personajes reales (algunos son personajes, sin lugar a dudas, otras son personas).

¿Sentís que pudiste expresar todo lo que querías, o quedó algo en el tintero?

Quedaron muchas cosas en el tintero, algunas que no estoy lista para decir y otras que no estamos listos para escuchar/leer. De hecho, el manuscrito original tiene casi el doble de páginas que el libro editado. Aun así, lo mas importante de lo que necesitaba expresar, de lo vivido, de la experiencia, de lo reflexionado, está plasmado con toda la franqueza que me fue posible. Puedo asegurar que lo que ha quedado expuesto de la historia no tiene recorte alguno.

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¿Por qué decidiste contar tu drama a través de un libro?

No lo pienso como un drama o, al menos, si es un drama, es un drama en un contexto compartido, no lo siento “mi drama”. Quizás, justamente porque no lo siento exclusivamente de mi propiedad, decidí compartirlo. Para hacerlo, debía ordenar las ideas, que eran muchísimas, y pude hacerlo escribiéndolas aisladamente. Escribir me ayudó a pensar y, releyendo una y otra vez, pude ordenar el relato, las ideas, los sentimientos, hacer chistes, recurrir a la ironía y al humor negro. Lo de escribir comenzó como una compulsión, inevitable, necesaria, impensada.

Además, durante años no tuve espacio para contar lo que estaba sucediendo ni lo que ya había sucedido. Todo ese tiempo fue una experiencia muy íntima, tan íntima que, un día, explotó por acumulación.

¿Creés que como ciudadanos comunes seguir los caminos convencionales  después de un delito (denuncia, juicio, etc.) no funciona?

Creo que tenemos que seguir esos pasos y hacer que funcionen, de lo contrario, no podemos quejarnos de nada que suceda.

Pienso que debemos perder el miedo, la vergüenza. Tenemos que dejar de lado el “¿Para qué? Si total…”, ya que, con ese pensamiento comenzamos a fracasar como sociedad, en todos los aspectos, no solo lo que concierne a la seguridad. Y volviendo a la pregunta: ¿acaso tenemos otra opción que no sea seguir los caminos que marca la ley? Realizar la denuncia, declarar, seguir la causa, colaborar con la investigación, interiorizarse en las leyes que deben avalarnos y protegernos, cumplir con las obligaciones civiles, etc. Aun así, bajando a nuestra realidad, creo que al no tener recursos económicos, contactos políticos o de alguna de las fuerzas, quedamos al margen de la justicia y expuestos a ser lastimados o a que se viole nuestra libertad de vivir sanos física y mentalmente, y tranquilos.

Comunmente, después de cada desgracia o drama, se habla de las pruebas que nos pone Dios en la vida. Para vos, ¿cuál fue esa prueba? ¿En qué te superaste o en qué cambiaste?

No creo que Dios haya tenido algo que ver con que me peguen un tiro en la cabeza a mansalva. Quisiera creer en Él, siempre quise hacerlo, pero no he podido. Creo en nosotros, los seres que hacemos cosas, creo en las ganas de vivir, en la voluntad propia, en el afecto, en una palabra de aliento, en los profesionales. Creo en la gente que se la juega, más que en Dios. La prueba fue decidir en un segundo si quería vivir o me iba a dejar matar tan violentamente, bajar los brazos y partir sin más. Quise quedarme, y las pruebas están superadas. Otra prueba fue escribir Épica, dejar un documento, entrar en contacto otra vez con los recuerdos y sentimientos que dejé acceder para poder escribir. El cambio está en la sensibilidad, quedó irremediablemente aumentada y eso, cada emoción, es lo mejor que tengo.

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¿Después de esos cambios, sentís haberte superado?

No quiero responder esta pregunta desde lo personal, ya que la superación engloba muchos aspectos. Quisiera responder que no nos hemos superado como sociedad, que en lo que concierne a los tópicos que trata Épica, no, no nos hemos superado. Confío en que lo haremos, pero necesitamos ir juntos por el mismo camino.

¿Qué reacciones hubo en las personas que mencionás en el libro?

Hubo muchísimas reacciones, incluso una misma persona reaccionó de diferentes maneras frente a hechos similares. Sentí mucho apoyo de personas que jamás se me había ocurrido que estarían poniendo tanta energía en que todo salga bien. Cuando volví a mi trabajo en el consultorio, 40 días después del asalto, varios pacientes me veían, no se animaban a tocarme ni a darme un beso o un abrazo porque estaba muy lastimada, pero se ponían a llorar. Sentí un afecto inmenso, que jamás habría sentido de no haber pasado por aquello. Hubo otras reacciones muy desagradables de gente cercana, fue raro, parecía todo patas para arriba.

¿Qué comentarios recibiste después de haber publicado Épica?

Vuelvo con lo mismo, recibí afecto, abrazos sin palabras, regalos, comentarios como “Épica es un viaje de emociones” —lo hizo Vanina Rugo, una compañera de la facultad— y fue la mejor definición que escuché hasta ahora. Que era muy atrapante al comienzo, que generaba intriga y eso provocaba ganas de seguir leyendo hasta terminar. La mayoría de las personas comentó que se emocionó, que lloró, que se rió mucho, que se identificaron con alguna escena, o todo lo contrario, mostraron indignación por ciertos hechos. Y también admiración, lo cual me dejó todas las veces en una posición incomoda, linda, pero rara. Jamás nadie me había dicho que me admiraba.

¿Qué secuelas te quedaron después de vivir esa experiencia tan dramática?

Físicas: unas cicatrices en la cara y un escotoma en el ojo derecho (es decir, toda una zona ciega), sinusitis crónica con dolores de cabeza, ¡obvio! El resto de las secuelas son emocionales o psicológicas. De vez en cuando tengo ataques de pánico, pero, paradójicamente, no al salir a la calle. A veces me siento más tensa y nerviosa de lo común, no más que eso, no ha cambiado mi temperamento ni mi manera de conducirme en la vida.

¡Ah! Y hay otra secuela: Épica.

¿Creés que vas a superar el episodio y estabilizarte emocionalmente?

Dudo superarlo. No quiero olvidarlo, y tal vez deba tomar tranquilizantes y un antidepresivo de por vida. El impacto en la cabeza afecta neurotransmisores relacionados con el sueño, y eso se estabiliza con químicos. No me molesta tomar medicación, me ayuda. No me molesta que sea de por vida: como secuela, es gratis.

¿Qué le dirías a alguien a quien le ocurre lo mismo que a vos?

Que nunca baje los brazos, ni aunque los partes médicos sean desalentadores, que la última palabra la tenemos nosotros mismos, que se aferre, literalmente, a sus seres queridos. Que vivir es una decisión muchas veces.

Después de esta experiencia, de publicar un libro, ¿tenés más proyectos literarios?

No actualmente. Me gustaría recibirme de psicóloga, especializarme en el área de estrés postraumático, ansiedad, neurociencias relacionadas, y encarar un proyecto de incentivar el relato, la expresión a través de la escritura en personas con experiencias traumáticas, las que fueran, desde una enfermedad hasta un accidente. Pero eso será a muy largo plazo y con un equipo de personas. Más que un proyecto, es un sueño aún.

¿Como hace el público para leer Épica?

Puede solicitármelo directamente escribiendo a mi Facebook, “Ana Liria Gastelú”; sesde la página del libro en Facebook, “Épica. De Ana Liria Gastelú”; a través de MercadoLibre como “Épica. Necesito escribir algo”; o hablando conmigo al 011-3932-6343.

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Contame alguna historia o anécdota relacionada con Épica, posterior a su publicación. Algo emotivo, alegre o triste, lo que quieras.

Bueno, el libro esta dedicado a muchísima gente, a todos a quienes les debo mucho. Ellos no lo supieron hasta que no vieron el libro terminado. Es más, hay gente que aún no pude cruzarme para regalarles su ejemplar, pero todos ellos lloraron al ver su nombre; y hay una persona que vivió todo lo relatado junto a mi, con quien aún convivo varias horas al día, y es la única persona que no se ha animado a leerlo aún. Tal vez no lo haga nunca. Es mi jefe. Le es más que suficiente que la vida haya vuelto pronto a la normalidad, valorar a las personas con quienes trabajo, ni más ni menos que antes de lo acontecido. Gracias a ustedes, mil gracias.

 

¡¡¡Gracias, Ana, por tu participación en La Lupa Cultural!!!

ALFREDO LEGNAZZI

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