Música: y letras: Carlos Radice, un cantante, un escritor,una pasión.

12047610_1157154584298108_1688492699_nLa maravillosa magia de la web, a veces llega a acercarnos a  gente que no conocemos, o que conocemos  detrás de la pantalla, ya sea de un celular o de una computadora. Este señor, escribió algo en el grupo de Amigos de La Lupa. De ahí, mi curiosidad por saber quien era, antes de aceptar su publicación (siempre lo hago). Me sorprendió la diversidad de ocupaciones y la disimilitud que había entre ellas. Por eso, sabiendo de sus múltiples actividades le propuse hacer esta nota. No sabía en aquel  momento que me sorprendería aún más,cada vez que avanzaba con la lectura de su historia y sus comentarios.

Carlos Radice realizó sus estudios vocales con los maestros José Crea y Tatiana Zlatar y de repertorio operístico y cámara con los maestros Dante Ranieri, Rozita Zozoulia, Teresita Bariain y Julia Manzitti. Asistió a los cursos de Técnica Vocal y de Repertorio Lírico del Instituto de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires y del Conservatorio Municipal Manuel de Falla.

12048952_1157154270964806_247064470_nEn 2002 obtiene el premio de la Academia Argentina de Música en el certamen “Por primera Vez¨ por su interpretación de obras de Puccini y Cilea. En 2006 recibe la mención de la Legislatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por su participación como intérprete solista vocal en el Concierto Sinfónico Vocal “Homenaje a Mozart” bajo dirección orquestal del maestro Daniel Zuker.

En 2003 comienza un ciclo de interpretación de obras populares  en el Hotel Caesar Park de Buenos Aires y que continuó en otras presentaciones en la ciudad de Madrid.

A partir de allí comienza en Buenos Aires y en el interior del país a interpretar los roles principales en la cuerda de tenor de óperas como Aída, Cavalleria Rusticana, Tosca, L´elisir d´amore, Rigoletto, Madame Butterfly, Turandot, entre otras. Ha realizado actuaciones en la Casa de la Opera, la Manufactura Papelera, el Auditorio de Belgrano, el Teatro Roma, el Teatro Colon Mar del Plata, el Auditorio de San Isidro, La Scala de San Telmo, Teatro de la Ribera (Colonia), Teatro York, Auditorio del Consejo de Ciencias Económicas, Asociación Dante Alighieri, Alianza Francesa, Auditorio Ameghino de la Sociedad Científica Argentina, Auditorio de la Universidad de la Matanza, Salón Dorado de la Legislatura porteña, etc.

11351492_1086325991380968_5792384215237658801_nHa interpretado en 2006 obras en el Auditorio de Belgrano con la Camerata Santa Cecilia y en 2008 el Magnificat de Bach con la Orquesta Sinfónica de Olavarría en la catedral de esa ciudad. También en las ciudades de San Francisco y la Granja en la provincia de Córdoba durante 2009.

Participó de la primera Gala Lírica de la temporada 2007 de la Opera de Mar del Plata (junto a la Orquesta Sinfónica de Mar del Plata) en el Teatro Colón de esa ciudad. Entre 2006 y 2009 interpretó en distintas puestas el rol de Radamés en Aída de Verdi y en 2010 a Turiddu en Cavalleria Rusticana y a Luiggi en la Opera Il Tabarro de Giacomo Puccini, representadas en el Patio de las Américas de la Universidad Nacional de La Matanza en el marco del Ciclo Anual de Operas de UNLaM.

En 2011 debuta como Rodolfo en La Bohéme de Puccini en El Foro de las Ciencias y de las Artes, en El Teatro Municipal Trinidad Guevara y en la Casa de la Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos

Todo eso en cuanto a su carrera como cantante lírico (tenor). Pero hay aún más que podemos contar sobre él, además de ser abogado, tocar la guitarra y disfrutar de los paisajes del mundo.

Charlé con Carlos y me sigue sorprendiendo (además de compartir el gusto por  R.Carver):

“Lecturas de sobremesa”, “El encantador de pájaros”, “La maja ausente”, “Los tesoros del  mar oxidado”, son los títulos de tus libros. Contanos acerca de ellos.

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Mi primer libro “Los tesoros del mar oxidado” pretende ser un tributo a la novela clásica de aventuras, con episodios fantásticos que descansan en un trasfondo histórico real; para el caso la llegada de una expedición española al Río de la Plata hacia el 1520. Lo que más me impulsó a escribirla fue intentar sentar a través de sus personajes los rasgos fundacionales de lo que a futuro sería nuestro carácter rioplatense, incluso se desarrolla un contacto amigable entre españoles e indígenas de la zona. Una pequeña digresión: dos años después de publicada la novela, leyendo “El Entenado” de Juan José Saer, me dí cuenta que nuestro gran escritor armó una historia con algunos rasgos similares para introducir su personaje en una hipotética convivencia con los indígenas. Me asombré, humildemente, por haber coincidido mi inquietud con la de Saer, ya que desde la época de Payró a nadie se le había ocurrido reinventar una suerte de “realismo mágico” con la temática de nuestros orígenes coloniales.

 Mi segunda publicación también es una novela: “La maja ausente” y es el derrotero de un argentino con su típico bagaje de estigmatización inmigratoria y falta de horizontes que se dio de un modo potenciado durante la década de 1990. El personaje de la historia Intenta un precipitado exilio en Madrid pero encuentra que su negado sentido de pertenencia le impide permanecer allí por mucho tiempo.

 El siguiente trabajo es una serie de relatos y cuentos reunidos bajo el título de “El encantador de pájaros”. Este último, precisamente el que da nombre a la obra, narra el empeño de un hombre que puede comunicarse con un pájaro a través de aforismos latinos. Hay otras historias fantásticas, en variados estilos, por lo cual considero que este fue un trabajo de aprendizaje para mí en el camino del relato breve y el cuento.

 Finalmente, mi último libro “Lecturas de sobremesa” es la reunión de distintos modos y formas de escritos, ordenados a través de 48 artículos con un índice que parodia a las revistas literarias y que contiene notas de viajes, cuento, poesía, notas de crítica literaria y otras expresiones afines.

¿Qué significa para vos tu voz, el arte de cantar, la música?

El día más feliz de mi vida fue cuando me presenté ante el reconocido maestro Horacio Rogner, quien luego de oírme unas breves escalas me confirmó que yo era un tenor lírico. Me dije: “ahora no se trata de escuchar a los grandes, tienes que intentar ser uno de ellos”. Así de modesto ¿no? Ahora comprendo que sin ese impulso arrogante, engreído digamos, no hubiese podido llegar a cantar más que un par de notas. En realidad, yo tenía poco más de cuarenta años y debía construirme todo un sistema para mi voz, estudiar mucho repertorio y asistir a muchas clases de canto para dominar una técnica que me permitiera hacerme escuchar y no morir en el intento.

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¿Qué cantantes considerás como modelos vocales?

Creo hay modelos vocales para todos los gustos y específicamente para cada subgénero dentro de la música. Amo la ópera italiana, está demás decirlo. En ella hay toda una tradición que va desde Enrico Caruso a Pavarotti, pasando por Mario del Mónaco, Gigli, Bjorling, Nicolai Gedda y tantos otros. Entre las divas, de Claudia Muzio a las cantantes rusas de la actualidad –¡muy bonitas la mayoría!- pasando por la gran Callas, Renata Tebaldi, la Scotto, la Freni, etc

¿Cómo descubriste tu pasión por la ópera?

Parafraseando a Woody Allen, todo comenzó debajo de la ducha, así que un día dije en voz alta: “quiero ser cantante de ópera”. Alguien con quién solíamos por las tardes escuchar al gran tenor italiano Beniamino Gigli  -vaso de whisky en mano; en mi vida siempre hay un vaso con alcohol en su interior, lo asumo sin pudores- sonrió con irónica compasión. En breve él partiría hacia su lejana parcela, y desde allí comenzó a gestionar –estoy convencido de ello- una serie de decisiones y suertes en mi favor que me acompañaron desde entonces. Todo lo demás vino por añadidura. Comencé a estudiar canto, gané un certamen de la Academia Argentina de Música que me llevó a seguir mejorando y a estudiar repertorio operístico. Asistí a cursos del Instituto de Arte del Teatro Colón e ingresé al taller de ópera del Conservatorio Manuel de Falla. Al año siguiente debutaba en roles principales en modestas representaciones que me valieron de una gran experiencia.

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¿Cómo convive el trabajo con tus otras dedicaciones: el canto y la escritura?

Desde siempre alterné el trabajo y el estudio con otras actividades, seguramente para eludir el aburrimiento y para no enfrascarme en una sola cosa que me absorbiera todo el tiempo. Convivo con la música desde los 11 años cuando comencé a estudiar guitarra. Fueron cinco años en el hoy desaparecido Conservatorio Weber. Me gustaba el rock y el jazz. En mi casa se escuchaba de todo, principalmente folclore, tango y clásica. Las óperas las mirábamos con mi abuela en las transmisiones que el viejo Canal 11 hacía desde el Teatro Colon a fines de los sesenta. Terminado el secundario y después de algunas notorias pérdidas de tiempo, estudié periodismo, lo que me acreditó para trabajar en prensa y comunicación en distintas organizaciones durante algunos años. Esta profesión me enseñó a escribir, al menos a tener un orden, a ser más prolijo a la hora de expresarme. Después hice la carrera de Derecho y me recibí para comenzar a ejercer. Admito que la labor litigante no es mi predilección. La carrera de abogado tiene muchas otras facetas que me resultan más atractivas. El derecho contractual, por ejemplo, que me llevó a estudiar negocios específicos y donde pude desarrollar aspectos de mi conocimiento junto con las relaciones sociales y los emprendimientos económicos.

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L ´amico Fritz, junto a Laura Edith Delgado

¿Hay algún personaje de los que interpretaste que dejó una huella en vos?

Después de haber cantado Nemorino en L´elisir d´amore, mi primer rol completo en el curso del conservatorio, canté seguidamente el rol de Mario Cavaradossi de la opera Tosca de Puccini. Ese era quizás mi rol favorito antes de comenzar a estudiar canto, por eso sentí una enorme satisfacción en poder cantarlo aun con muy poca experiencia sobre un escenario. Después vinieron otros grandes roles: Turiddu en Cavalleria Rusticana, Rodolfo en La Bohéme, Alfredo en La Traviata, Pinkerton en Madama Butterfly, etc. Creo que entre los roles más exigentes que canté para la cuerda del tenor están Manrico de Il Trovatore y Radames de Aída. Este último, que tuve oportunidad de cantarlo varias veces –una de ellas en la extinta Manufactura Papelera en 2008- es tal vez el personaje que más siento por su heroísmo y su entrega. Es el “varón” perfecto de la ópera, aquel guerrero capaz de ganar no solo en la batalla, sino apropiarse del corazón de la esclava Aída, y por ella, dar todo a cambio, poder y fama. Nada menos.

¿Cuál es tu género de lectura preferida?

A los ocho años leía las novelas de Emilio Salgari y todo libro de historia que pasara por mis manos, sobre todo historia de Grecia y de Roma. Tanto leer mitología, tenía mi propio Parnaso y el deseo firme de regresar en el tiempo y ser un soldado de la batalla de Salamina o acompañar a César en una de sus campañas. Todavía sigo siendo un buen lector de historia y de ensayos, me puede más la historia real que la fantasía. Por eso creo haber encontrado un buen punto de equilibrio como lector de novelas. Me gustan aquellas que sugieren un buen trasfondo real. El realismo mágico de Macondo en García Márquez o lo “real maravilloso” que tan bien desarrolló Alejo Carpentier en novelas como “El reino de este mundo” o el “Pedro Paramo” de Juan Rulfo son arquitecturas literarias cimentadas, a mi modo de ver, sobre un sustrato histórico y humano innegable.

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En la Feria del Libro de Buenos Aires

 Creo en la universalidad de la literatura por eso me cuesta un poco parcelarla y hablar de literatura norteamericana, argentina, española, etc. Sin embargo, considero que hay rasgos culturales coincidentes entre escritores que pertenecen a una misma colmena literaria. Si leo a Yukio Mishima, a Kawabata, a Endo o a Kensaburo Oé, aunque con rasgos muy propios, todos me remiten a esa atmósfera japonesa de la postguerra y a sus estereotipos culturales. Quizás en la literatura francesa –tal vez la más “universal” de las literaturas concebidas- no ocurra este fenómeno de manera tan notable. No me sucede lo mismo leyendo a Carriére, a Mondano, a Balzac o a Malraux. Ahora, mis preferencias literarias estriban más bien en lo que yo llamo la literatura de los “atorrantes y desprejuiciados”, esos que escriben con el vaso de whisky en una mano y con la otra, en fin… teniendo sexo en un burdel o en un ascensor, bah donde sea; verbigracia, los Henry Miller, los Bukovsky, los Raymond Carver, los John Fante, los Céline, etc.

Compartimos uno de sus escritos:

GATOS ROMANOSgatito romano

Los gatos romanos son unos vanidosos que siempre se jactan del valor de su estirpe. Presumen de ser descendientes de aquellos grandes felinos que devoraron en la arena a gladiadores y cristianos. La verdad es que los turistas no dan mucho crédito a estos argumentos aunque los gatos remoloneen e insistan en hacerles creer estos dislates. Para impresionar a curiosos y engañar a los fotógrafos, se relamen y muestran sus colmillos, cantan salmos paganos y recitan poemas de Virgilio en medio de sensuales maullidos cuando cae la tarde.

Estos gatos se saben moradores de un patrimonio universal y aunque viven de la caridad se reconocen herederos de una grandeza imperial. No dudan en reivindicar al mismísimo Nerón de ser necesario, y hasta lo dispensan por sus inclinaciones pirómanas con tal de afirmar que estuvieron en el famoso incendio. Aseguran haber entrado con total dispensa en los aposentos del emperador Claudio y haber merodeado por los lupanares que frecuentó su insaciable esposa Mesalina. Algunos arriesgan haberlo acompañado al propio Cesar en su campaña a las Galias, e incluso haber soportado los extensos discursos de Cicerón en el senado. Otros alardean afirmando que espantaron con su sola presencia a los elefantes de Aníbal ante las puertas mismas de Roma y aseguran haberse codeado con sus pares refinados de la corte de la reina Cleopatra.

Los gatos romanos creen ver un coliseo repleto donde yacen ruinas y escuchar vítores a los triunfadores de la arena. Un tour de asiáticos sorprendidos los filma y fotografía; unos pibes los corren intentando agarrarlos; los más interesados se dejan acariciar el lomo, mientras algunos huyen ostentando sus prerrogativas cortesanas. A veces tienen uno de esos días en que andan ariscos y se comportan malhumoradamente. Pero no tienen pudor en procrearse en los lugares donde nació la vida ciudadana, y lo hacen bajo una luna de enamorados.

Estos gatos festejan su gloria más vanidosa y presumida. Reclaman para sí la fama, y hasta apellidarse, como el gran cineasta… Fellini!.

Carlos Ruiz Radice

 Escuchen esta voz en: https://youtu.be/Xjb4jAa-mm4  DÚO DE LAS CEREZAS – PARTE 2 (L´AMICO FRITZ) LAURA DELGAD0 – CARLOS RADICE

¡Gracias,Carlos!
Silvia M. Vázquez

 

 

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