Letras: Maria Alejandra Camiña: la escritora que ama a Bioy

 

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Conozco a Alejandra  (Nani) hace mucho tiempo, cuando fuimos compañeras de  oficina en una empresa química de la zona norte. Histriónica, didáctica y habladora, no dejaba pasar oportunidad para hablar de autores y libros.

Ella estaba estudiando el profesorado de Literatura y Latín (si, latín) y nos abrumaba con  esa lengua muerta, cuando repetía una y otra vez, frases para sus examenes.

Además de estudiar inglés y profesorado en Letras , siguió por el camino de la solidaridad en su Lugano natal.

Luego de haber vivido unos años en Ciudadela, volvió al barrio de los edificios y siguió allí su vocación de servicio.

¿Cómo comenzó tu pasión por las letras? Un libro que recuerdes de tu infancia

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Haciendo memoria, mi pasión por la Literatura fue creciendo con cada libro que en mi infancia acertaron a regalarme. Una amiga en particular, Libertad Borda, fue mi primera profe. Estábamos en sexto grado y me dijo: “Andá a la biblioteca y pedí prestada La invención de Morel. Vas a ver qué bueno que está.” Hice mi tarea y conocí a Bioy. Al terminar de leer su novela, me pregunté: ¿Cómo se le ocurre a uno una historia así? Desde entonces quise leer más y deseé imaginar “tramas perfectas “como diría su amigo Borges. Gracias a Libertad y a Bioy habían nacido en mí una pequeña lectora y, tímidamente, una pequeña escritora.

¿Hay otra carrera que te hubiera gustado seguir?

Las carreras que en esta vida se me quedaron en el tintero fueron Psicología e Historia. Me decidí, en cambio, por el Profesorado de Lengua y Literatura. En Azules… cuento anécdotas de escuela. Bioy y mis alumnos le han dado un sentido especial a cada día de trabajo.

¿Qué fue lo primero que editaste?

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Azules para Bioy es la primera novela que lancé al mundo pero no es la primera que escribí. La primera – inédita – se titula Botella Familiar. Son historias en las cuales esa botella funciona como una especie de lámpara de Aladino que ayuda a los personajes en su búsqueda de la felicidad. Me gusta, además, experimentar con otros géneros y ahora pienso que he variado mucho y me divertido escribiendo.

 

¿Cómo llegó a ser tan grande tu admiración por Bioy?

Azules para Bioy es, además de homenaje al escritor, un testimonio de pasión por las letras. A esta se le suma el encantamiento que aún siento al entrar a cada aula, al relacionarme con mis alumnos. Ellos construyeron gran parte de mi camino hacia Bioy Casares. Fueron definitivamente mis cómplices.

 ¿Qué actividades desarrollás además de la enseñanza?

En general, mi vida es variada. Me preocupan los temas ambientales y,FSCN1941 por ejemplo, he juntado firmas para la Ley de Protección de Glaciares. Eso me llevó a participar en política dentro de Proyecto Sur. En 2011, fui electa comunera en la Comuna 8.  Consid
ero que la tan cuestionada política partidaria es, a pesar del merecido descrédito en que cae una y otra vez, el gran camino para avanzar en causas sociales que mejoren la vida de todos.


¿Dónde presentaste  tu obra?

Presenté Azules para Bioy en el Museo del Libro. Allí me acompañaron justamente la novelista Silvia Miguens y el poeta colombiano, Fredy Yezzed. Tiempo después, también, en la Feria del Libro presentamos Azules… junto con otros escritores que publicaron sus obras en Ediciones Del Dragón, como yo. El destino, que tiene siempre mucho de mágico, hizo que ese día nos cedieran la Sala Adolfo Bioy Casares. Me sentí especialmente afortunada por esa coincidencia. Seguro que Bioy, desde algún lado, también la disfrutó.

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También me ofrecieron sus espacios Junta de Estudios Históricos de Lugano, la Junta Central de Estudios Históricos (Casa del Virrey Liniers), el Rotary Club de Tapiales, el Bar Cultural La Trama. Visité ferias organizadas en escuelas. En fin, quedo agradecida siempre a todas esas puertas que se nos van abriendo.

Volviendo a la novela… Me han hechos varios regalos a partir de su lectura. Dos de ellos están presentes en la edición. Uno es el de la Dip. Nacional Alcira Argumedo quien elogió mi libro y sus palabras figuran en la contratapa:

“Conociendo a Alejandra, no me sorprendió encontrar en estas páginas algunas de nuestras causas: está presente, desde luego, la causa por la cultura y también se perfila la ambiental. Pero sí me ha asombrado ver cómo se logra democratizar la democracia. En las clases de esta profesora, escritora, política, cada voz es atendida, escuchada y valorada. Como lectora podría preguntar: ¿son los alumnos quienes la acompañan en su camino hacia Bioy Casares? ¿o es a través de Bioy que ella camina hacia sus alumnos? De ida y de vuelta, todos se encuentran en un punto: el respeto por el otro, el cariño fraternal y un rico intercambio de miradas como un modo gratificante de vivir en este mundo.”

S Carlos Borromeo V MaderoY el prólogo fue una atención de Silvia Miguens, autora de novelas históricas como Lupe, por ejemplo. Silvia me ha enseñado mucho, siempre me alentó.  Una observación suya que me alegró especialmente fue que Azules, en realidad, no es una novela porque a ella le parece (y yo coincido) difícil de encasillar en un género. Opina que es una antinovela. Me encantó esa crítica, me hizo sentir que vio en mi libro una interesante cuota de originalidad. En fin, Silvia es una amiga. Aparece en varios momentos de la historia y la he conocido gracias a uno de mis alumnos. Les estoy agradecida a ambas, a todos, en realidad.

¿Qué autor, además de Bioy es tu preferido y por qué?

Claro que no le soy fiel a Bioy y, por supuesto que me gustan otros autores. En la novela hablo de muchos de ellos. Pasean conmigo en mis clases, en mis historias, Cervantes, Jorge Manrique, don Miguel de Unamuno y otros.

Compartinos parte de tu obra, para los lectores de La lupa:

Volvamos a Bioy. Compartamos mi ansiado encuentro con él:

“-              No puedo, Bioy, dejar pasar este encuentro sin volver a decirle que ahora precisamente usted, a mí, me está cumpliendo un sueño. Pero… ¿Sabe? Creo… tengo… la ilusión de  que yo también, quizás, pueda concretarle un deseo…a… usted.

Me miró con una atención renovada que todavía hoy me halaga.

–              Cuando usted recibió el Premio Cervantes habló del Quijote y también de Jorge Manrique. El Quijote y las Coplas de Manrique por la muerte de su padre son las obras de la Literatura Española que más me han conmovido. De verdad, sentí una profunda coincidencia con usted otra vez. Pero, además, entonces dijo que a partir del primer capítulo del Quijote, ya sabía que quería ser escritor y que usted deseaba que algún lector pudiera sentir un despertar semejante a la Literatura a partir de sus novelas. Bien, eso me pasó a mí, como seguramente les habrá ocurrido a otros, al leer La invención de Morel… y me sucedió de nuevo cuando leí Dormir al sol…

–              Cuánto le agradezco yo tanta amabilidad. La verdad, siento que usted puede llegar a ser una excelente amiga…

–              De ahora en adelante, cuando en sus reportajes lea que usted nombra a sus antiguas amantes, quienes luego se han vuelto sus amigas, me voy a entusiasmar pensando que, de alguna manera, estoy incluida, ¿Sí?

¿Había alguien más en su dormitorio? ¿Quién había hablado? ¿Era yo la que había pronunciado “amante” y “amiga”? Bioy, asintiendo con dulzura, confirmaba que sin dudas había sido yo.

–              No, no… Evidentemente nunca me he confundido al asegurar que las mujeres son mucho más lúcidas y valientes que los hombres… – y volviendo a su sonrisa  –  Pero el tiempo no parece habernos favorecido a usted y a mí… porque la veo tan joven que…

–              Bueno, gracias, pero no soy tan joven, no. Y, de todos modos… ¿No le parece una buena idea dejarle estas cuestiones del tiempo a don Jorge Manrique? Sus coplas son tan rítmicas y hermosas que… ¿qué podría agregarse al tema…?

–              Agregaría que quisiera ser joven por quinientos años más. Amo la vida y usted es un amor.

Sentí que había tantas y tan profundas maneras de hacer el amor que perdí la consciencia de mi cuerpo aunque fui toda cuerpo, toda placer y sonrisa. Y creo que además percibí, en mi emoción, la invasión del llanto…

Pero debía continuar con el diálogo y supongo que Bioy debió de  haber pensado algo así también porque, en voz baja, agregó:

–              Muy amable… usted es amable con el verdadero sentido de la palabra porque amable quiere decir…

–              … digno…  – arriesgué.

–              … merecedor… – confirmó él.

–              … de ser amado… – concluimos juntos y  con las manos cerca.”

Alejandra se sumerge en el mundo literario y no deja de pertenecer a él, aunque viva en el mundo real. Plena de anécdotas y recuerdos, rodeada de mucha gente querida, seguirá bregando por la solidaridad, por ejemplo, la proclama para que Felix Díaz, sea nombrado  Premio Nobel de la Paz y  su preocupación por el medio ambiente y las causas sociales.

Los invitamos a leer su libro, que pueden conseguir en Galerna Libros.

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¡Muchas gracias Ale!

Silvia M. Vázquez

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